La menopausia representa un cambio significativo en la vida de las mujeres, no solo desde el punto de vista fisiológico, sino también en lo que respecta a la salud general y la nutrición. A medida que las mujeres atraviesan esta etapa, que se inicia generalmente entre los 45 y los 55 años, es fundamental entender cómo afectan los cambios hormonales a la metabolización de los nutrientes y al riesgo de desarrollar enfermedades. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el diagnóstico de menopausia se establece tras un año sin menstruación, lo que implica la pérdida permanente de la función ovárica. Estos cambios pueden tener un impacto duradero en la composición corporal y en el gasto energético basal.

La directora de la Licenciatura en Nutrición de UAI Rosario, Daniela Pacualini, enfatiza que el enfoque alimentario debe ser revisado en esta etapa. No se trata solo de reducir la cantidad de alimentos consumidos, sino de adaptar la dieta a las nuevas necesidades del organismo, que surgen a raíz de la disminución de estrógenos y otros cambios hormonales. Durante la menopausia, aunque el cuerpo requiere menos energía, la necesidad de nutrientes esenciales se mantiene, lo que hace crucial entender esta distinción para evitar problemas de salud a largo plazo.

Un aspecto clave del fenómeno menopáusico es el aumento de la grasa abdominal, la disminución de la masa muscular y la tendencia hacia la insulinorresistencia. Pacualini explica que la baja de estrógenos influye directamente en el metabolismo, favoreciendo la acumulación de grasa en la zona del abdomen. Esto no solo afecta la estética, sino que también está vinculado a un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiometabólicas. Simultáneamente, la pérdida de masa muscular reduce el gasto energético basal, lo que puede contribuir a un aumento de peso no deseado.

La salud ósea también se ve comprometida durante la menopausia, ya que la reducción de estrógenos incrementa el riesgo de osteoporosis. La nutricionista aclara que el impacto de la menopausia no se limita a cambios físicos, sino que también afecta la forma en que el cuerpo procesa los nutrientes. Por lo tanto, la alimentación debe ser abordada de manera integral y específica para esta etapa de la vida, evitando errores comunes que pueden agravar los riesgos metabólicos.

Uno de los errores más frecuentes es la adopción de dietas restrictivas que eliminan grupos alimentarios enteros, particularmente los hidratos de carbono. Pacualini advierte que la restricción extrema de calorías puede llevar a la pérdida de masa muscular, lo que a su vez dificulta la adaptación del metabolismo a los cambios que se están experimentando. Al eliminar hidratos de carbono de fuentes como frutas, verduras y legumbres, se corre el riesgo de limitar la ingesta de nutrientes esenciales, lo que es especialmente perjudicial en una etapa donde el mantenimiento de la masa muscular es crucial.

Por otro lado, las dietas de moda y las propuestas no personalizadas pueden dificultar la adopción de hábitos alimentarios sostenibles en el tiempo. La especialista señala que el principal error radica en no adoptar un enfoque integral que contemple las necesidades específicas de cada mujer en esta etapa. Además, es fundamental no subestimar la importancia de un estilo de vida activo, donde la actividad física, especialmente el entrenamiento de fuerza, juega un papel determinante en la salud general durante y después de la menopausia. La educación sobre estos temas es clave para empoderar a las mujeres y ayudarlas a navegar los cambios que trae esta nueva fase de sus vidas.