El sudor humano no solo es una función fisiológica cotidiana, sino que se presenta como un mecanismo vital para la supervivencia, según la experta en microbiología de la Universidad de Leicester, Primrose Freestone. Este líquido, que se distribuye por casi toda la superficie del cuerpo, es producido por glándulas que operan bajo el control del sistema nervioso autónomo. Su función primordial es regular procesos como la temperatura y el ritmo cardíaco, facilitando la disipación del calor corporal a través de la evaporación, especialmente durante el ejercicio, momentos de estrés o en condiciones de calor ambiental.

No todo el sudor es igual ni proviene de las mismas glándulas. En el cuerpo humano existen tres tipos principales de glándulas sudoríparas, cada una con funciones específicas que afectan tanto la regulación térmica como el olor corporal. Las glándulas ecrinas, presentes en casi todo el cuerpo, producen un sudor ligero, mayormente compuesto por agua y sal. Por su parte, las glándulas apocrinas, localizadas en áreas como las axilas e ingles, generan una secreción más densa, rica en grasas y proteínas. Asimismo, se encuentran las apoecrinas, que también están concentradas en las axilas y aumentan la producción de sudor acuoso en esta zona.

Si bien el sudor a menudo se relaciona con un mal olor, en realidad, este líquido es prácticamente inodoro. El aroma se origina en la interacción entre el sudor y las bacterias que habitan naturalmente en la piel. Microorganismos de las familias Corynebacteriaceae, Staphylococcaceae y Propionibacteriaceae se alimentan del sudor, descomponiendo sus componentes y liberando compuestos volátiles que son percibidos por el olfato. Cada tipo de bacteria produce olores distintivos; por ejemplo, Staphylococcus hominis puede evocar el olor a cebolla, mientras que otros como Corynebacterium transforman la leucina en ácido isovalérico, un compuesto que recuerda al queso fuerte. Las áreas con mayor concentración de glándulas sudoríparas, como las axilas y los pies, son propensas a un aumento en el olor corporal debido a las condiciones ideales para la proliferación bacteriana. Mantener una buena higiene y cambiarse de ropa frecuentemente son prácticas esenciales para controlar la aparición de estos olores.