El brote de ébola declarado el 15 de mayo en la República Democrática del Congo dejó hasta el pasado martes 2.214 muertos en 54 zonas afectadas, según el nuevo balance del Gobierno congoleño. El informe también contabilizó 4.727 casos confirmados, de los cuales 749 corresponden a pacientes hospitalizados.

La provincia de Ituri, en el noreste del país, concentra especialmente la expansión de la enfermedad y continúa siendo uno de los principales focos del brote. Las autoridades identificaron además el virus en una nueva zona sanitaria, Buta, ubicada en la provincia de Bajo Uele, en el norte de la República Democrática del Congo.

La Organización Mundial de la Salud advirtió a finales de la semana pasada sobre la gravedad de la situación. El brote corresponde a la cepa Bundibugyo, para la que todavía no existe una vacuna aprobada, y se desarrolla en una región afectada por altos niveles de violencia, una situación que dificulta la respuesta sanitaria y el trabajo de los equipos médicos.

La letalidad del virus aumentó con rapidez y se acerca a los niveles registrados durante el brote que tuvo lugar entre 2018 y 2020. En ese contexto, el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU y responsable de OCHA, Tom Fletcher, advirtió este viernes que la enfermedad "está ganando terreno" en la República Democrática del Congo.