La actividad física regular se posiciona como una de las estrategias más efectivas para mitigar el riesgo de enfermedades crónicas, prolongar la esperanza de vida y mejorar tanto la salud mental como física a lo largo de las diferentes etapas de la vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha proporcionado evidencia concluyente que indica que la inactividad no solo impacta negativamente en la salud individual, sino que también genera una carga considerable sobre los sistemas de salud pública. Según la OMS, un alarmante 31 % de los adultos a nivel mundial no logran alcanzar los niveles mínimos de actividad recomendados, lo que pone de manifiesto la necesidad urgente de implementar cambios en los estilos de vida y en las políticas de salud pública.

Un análisis reciente de las directrices de la OMS ha puesto de relieve que un mayor volumen de actividad física está asociado a beneficios significativos para la salud. En particular, se señala que superar los 300 minutos de ejercicio aeróbico moderado a la semana puede ofrecer mejoras notables en la salud de los adultos mayores, especialmente aquellos de 65 años o más. La evidencia revisada sugiere que los programas de ejercicio que combinan equilibrio, fuerza y resistencia pueden reducir la incidencia de caídas en este grupo etario hasta en un 28 %. Esto se traduce en una razón de tasas combinada de 0,72, con un intervalo de confianza del 95 % que oscila entre 0,56 y 0,93, lo que refuerza la importancia de este tipo de ejercicios.

La OMS ha establecido recomendaciones específicas para los adultos mayores de 65 años, sugiriendo que deben acumular entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada semanalmente, además de realizar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana. Este enfoque es fundamental no solo para prevenir el deterioro funcional, sino también para reducir el riesgo de enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer, que son prevalentes en la población mayor. Al proporcionar un marco claro, la OMS busca fomentar un cambio en la percepción de la actividad física como un componente esencial de un envejecimiento saludable.

La OMS también ha hecho hincapié en que todos los adultos mayores, incluidas aquellas personas que padecen enfermedades crónicas como cáncer, hipertensión o diabetes de tipo 2, deben esforzarse por realizar al menos 150 minutos de actividad física aeróbica moderada semanalmente. Este mensaje es crucial, ya que a menudo se considera que las limitaciones de salud pueden ser un obstáculo para la actividad física, cuando en realidad, adaptaciones adecuadas pueden permitir la inclusión de estas personas en programas de ejercicio seguro y efectivo.

Además, se recomienda que los adultos mayores incorporen ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces a la semana y prioricen las actividades de equilibrio y multicomponente para minimizar el riesgo de caídas y mantener la funcionalidad general. Este enfoque integral no solo mejora el estado físico, sino que también contribuye a la salud mental y a una mejor calidad de vida, elementos esenciales para un envejecimiento activo y satisfactorio.

Por otro lado, la OMS también destaca la importancia de la actividad física en mujeres embarazadas y en el período de puerperio, sugiriendo que aquellas sin contraindicaciones deben intentar alcanzar un mínimo de 150 minutos de actividad aeróbica de intensidad moderada por semana. Esta práctica no solo disminuye el riesgo de complicaciones como la preeclampsia y la diabetes gestacional, sino que también favorece un parto saludable y contribuye al bienestar tanto de la madre como del bebé. La evidencia recopilada en revisiones sistemáticas de alta calidad entre 2019 y 2020 respalda que la actividad física no incrementa el riesgo de aborto o complicaciones neonatales, lo que refuerza su relevancia en la salud materna e infantil.