El creciente sedentarismo en la sociedad actual, impulsado por el avance tecnológico, el teletrabajo y el uso de servicios de entrega, ha provocado una disminución significativa en los niveles de actividad física de muchas personas.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, un alarmante 31% de los adultos y un 80% de los adolescentes no alcanzan las recomendaciones mínimas de ejercicio. No obstante, la investigación científica resalta cada vez más los beneficios que el ejercicio físico puede aportar a la salud y la longevidad. Especialmente, se ha demostrado que realizar actividad al aire libre en entornos naturales maximiza estos beneficios, tanto para el cuerpo como para el bienestar mental, en comparación con el ejercicio en espacios cerrados.
El doctor Alejandro G. Andersson, neurólogo y director del Instituto de Neurología Buenos Aires, destaca que, aunque no se puede afirmar que uno sea intrínsecamente mejor que el otro, el ejercicio al aire libre ofrece ventajas neurobiológicas y psicológicas. La exposición a la luz natural regula los ritmos circadianos y mejora la calidad del sueño, al tiempo que reduce el estrés crónico. Por su parte, el licenciado en psicología Gonzalo Primo señala que el ejercicio al aire libre no solo aporta vitamina D, sino que también permite variar las actividades, favoreciendo así una mayor adherencia a la rutina de ejercicio.
Andersson también menciona que el contacto con la naturaleza tiene efectos medibles en el bienestar emocional, al disminuir la hiperactivación de la amígdala, que está relacionada con la respuesta al miedo y al estrés. Por lo tanto, integrar el ejercicio al aire libre en la vida diaria no solo mejora la salud física, sino que también proporciona un significativo impulso a la salud mental.



