Lionel Scaloni, el director técnico de la selección argentina que llevó al país a la gloria en el Mundial de Qatar, ha compartido una experiencia personal poco conocida acerca de su salud. En una reciente entrevista, Scaloni reveló que, a tres meses de haber levantado la copa, fue diagnosticado con herpes zóster, una enfermedad que puede ser desencadenada por el estrés intenso y el agotamiento emocional. Este hecho pone de manifiesto cómo incluso los momentos de mayor éxito pueden tener repercusiones ocultas en la salud de las personas.
El herpes zóster, comúnmente conocido como “culebrilla”, se produce por la reactivación del virus varicela-zóster, que permanece latente en el organismo después de que una persona padece varicela. Aunque suele asociarse a personas mayores o con enfermedades crónicas, este virus puede afectar a cualquier persona bajo circunstancias propicias. Según los especialistas, situaciones de alto estrés, así como el envejecimiento natural y ciertas condiciones de salud, pueden debilitar el sistema inmunológico, facilitando así el despertar del virus.
El Dr. Lucio Criado, especialista en Medicina Interna, analizó la situación de Scaloni y explicó cómo el estrés prolongado puede afectar el organismo. Durante períodos de alta presión, el cuerpo libera hormonas como el cortisol, que pueden deprimir las defensas inmunológicas. En este contexto, el virus que había permanecido inactivo encuentra la oportunidad de reactivarse, resultando en la aparición del herpes zóster.
Es importante señalar que cerca del 90% de los adultos mayores de 50 años están en riesgo de desarrollar herpes zóster, un fenómeno que se relaciona con la inmunosenescencia, un proceso natural que implica una disminución en la eficacia del sistema inmunológico con la edad. Además, factores como el estrés continuo, la fatiga crónica y diversas enfermedades como diabetes, trastornos cardiovasculares o respiratorios, aumentan la vulnerabilidad a esta enfermedad.
El herpes zóster se presenta inicialmente con síntomas como picazón, hormigueo y sensibilidad en áreas específicas del cuerpo, como el rostro o el abdomen. Posteriormente, se desarrollan lesiones cutáneas características que son dolorosas y pueden causar complicaciones. Una de las más graves es la neuralgia postherpética (NPH), un dolor persistente que puede prolongarse durante meses o incluso años después de que las lesiones hayan sanado.
La Dra. Verónica Loggia, pediatra e infectóloga, advierte que más allá de las manifestaciones cutáneas, el herpes zóster puede acarrear un dolor prolongado que afecta la calidad de vida del paciente, generando problemas de sueño, alteraciones en el estado de ánimo y una posible tendencia al aislamiento social. Esto hace que la enfermedad no solo tenga un impacto físico, sino también emocional y psicológico en quienes la padecen.
Además, el herpes zóster presenta riesgos adicionales, especialmente cuando se reactiva en áreas sensibles, como cerca de los ojos, donde puede provocar complicaciones severas, incluso la pérdida de la visión. Por ello, los especialistas enfatizan la importancia de una atención médica adecuada y oportuna, así como de la prevención, para evitar que las personas en riesgo sufran las consecuencias de esta enfermedad.



