La ingesta de proteínas ha cobrado un protagonismo destacado en la alimentación moderna, convirtiéndose en una tendencia global que muchos consideran una verdadera "obsesión nacional". Esta afirmación proviene del cardiólogo y divulgador Eric Topol, quien analiza el fenómeno en su boletín informativo.

Topol señala que, a pesar del creciente interés por suplementos y alimentos enriquecidos, la mayoría de las personas ya cumple o incluso supera las recomendaciones establecidas. Además, advierte que no hay evidencia sólida que respalde la idea de que un aumento en el consumo de proteínas brinde beneficios adicionales, sugiriendo que un exceso puede resultar innecesario, costoso y potencialmente perjudicial para la salud.

Los expertos coinciden en que es fundamental ajustar tanto la cantidad como la calidad de las proteínas según la etapa de vida y el estilo de vida de cada individuo, alejándose de modas pasajeras y mensajes comerciales engañosos. Las guías internacionales, incluidas las de la OMS y la Academia Nacional de Medicina de EE.UU., indican que un adulto sano y sedentario debería consumir al menos 0,8 gramos de proteína por kilo de peso corporal, lo que equivale a entre 56 y 70 gramos diarios para una persona de 70 kilos. Sin embargo, este valor es solo una referencia mínima y no necesariamente el ideal para todos los casos.