En la actualidad, donde la sobreabundancia de información es la norma, la lectura reflexiva se presenta como una alternativa esencial frente al consumo pasivo de contenido digital. Un estudio reciente destaca que los usuarios suelen chequear sus teléfonos más de 140 veces al día, dedicando horas a navegar en redes sociales. En este contexto, leer con atención y pensamiento crítico puede traer beneficios significativos para la salud mental y el bienestar en general.

Lejos de ser únicamente una actividad recreativa, la lectura profunda implica una interacción activa con los textos, donde se analizan y cuestionan diferentes puntos de vista. Este ejercicio requiere concentración y esfuerzo, pero a su vez fortalece el pensamiento crítico y ayuda a combatir la desinformación, un problema creciente en el entorno digital. La práctica de leer de forma reflexiva permite a los individuos conectar con la información de manera más significativa, favoreciendo la empatía y la comprensión.

Además, diversas investigaciones han comenzado a examinar los impactos positivos de la lectura en la mente y la longevidad. Un estudio de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Yale, que siguió a personas mayores durante 12 años, reveló que aquellos que leían regularmente tenían un 20% menos de probabilidad de fallecer en comparación con los que no lo hacían. Este hallazgo sugiere que dedicar tiempo a la lectura no solo enriquece la vida, sino que también puede ser un camino hacia una vida más prolongada y saludable.