Cada día, muchas personas se emocionan ante una obra de arte o una pieza musical, experimentando escalofríos que parecen misteriosos. Un reciente estudio ha revelado que esta reacción no es pura casualidad, sino que puede estar relacionada con nuestra genética. Investigadores del Instituto Max Planck para la Psicolingüística han descubierto que aproximadamente un tercio de la variación en la sensibilidad emocional hacia la música, la literatura y el arte visual tiene origen genético, según lo publicado en la revista PLOS Genetics.

El fenómeno de los escalofríos estéticos ha fascinado a numerosas personalidades a lo largo de la historia. Desde Charles Darwin, quien describió un intenso placer que le hizo vibrar la columna vertebral al escuchar un himno, hasta el célebre escritor Vladimir Nabokov, que lo definió como un “cosquilleo esencial para comprender la genialidad literaria”. Estas experiencias, aunque intensas, no son vividas de la misma manera por todos, lo que añade un componente de misterio a la reacción emocional ante el arte.

El estudio analizó a más de 15.500 participantes en los Países Bajos, quienes compartieron datos sobre su genética y sus respuestas emocionales a diferentes formas de arte. Los resultados revelaron que alrededor del 30% de la predisposición a sentir escalofríos estéticos está vinculada a factores familiares, con un cuarto de esa influencia atribuible a variantes genéticas específicas. Los investigadores también encontraron que ciertas características de personalidad, como la apertura a nuevas experiencias, están asociadas con una mayor sensibilidad emocional hacia el arte, lo que sugiere que la genética y el entorno juegan roles complementarios en estas respuestas.