La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha enfatizado, durante su 72º Congreso, que la ética en la medicina va más allá de la mera neutralidad y ha subrayado la necesidad urgente de que la comunidad internacional no permita que los niños se conviertan en "víctimas colaterales de la indiferencia global". Este llamado a la acción surge en un contexto donde los conflictos armados afectan la vida de millones de menores en todo el mundo, generando no solo víctimas directas de violencia, sino también un colapso en los sistemas de salud, la interrupción de programas de vacunación y el agravamiento de la malnutrición.

La AEP ha presentado cifras alarmantes proporcionadas por UNICEF, indicando que actualmente más de 470 millones de niños, lo que equivale a uno de cada cinco menores en el planeta, residen en zonas marcadas por conflictos bélicos. Esta situación crítica demanda una respuesta integral que no solo contemple la atención médica de emergencia, sino que también garantice acceso a agua potable, nutrición adecuada, la recuperación de los sistemas de salud y apoyo psicológico especializado, así como una vigilancia epidemiológica continua.

La doctora Maite De Aranzabal, integrante del Comité de Cooperación Internacional de la AEP, ha resaltado que la salud infantil no debe limitarse a la prevención y tratamiento de enfermedades, ya que esta también depende de factores como el acceso al agua, la alimentación, la educación y un entorno seguro. La conexión entre estos elementos es fundamental para garantizar el bienestar integral de los niños, quienes, en situaciones de conflicto, se ven expuestos a una serie de traumas que pueden repercutir en su desarrollo futuro.

Los efectos de los conflictos armados sobre la infancia son devastadores. Vicente Raimundo, director de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria de Save the Children España, ha expuesto que los niños son especialmente vulnerables a las armas explosivas, que causan lesiones severas y aumentan el riesgo de traumatismos graves. Según los datos presentados durante la sesión, se estima que entre 2020 y 2025, más de 67.000 niños han muerto o resultado heridos a causa de estas armas, con Gaza como uno de los escenarios más trágicos, donde se reportaron más de 50.000 menores víctimas hasta septiembre de 2025.

El coordinador de emergencias de Médicos Sin Fronteras, Aitor Zabalgogeascoa, ha advertido sobre un deterioro progresivo de las condiciones de vida en las zonas afectadas por conflictos. La destrucción de hospitales, centros de salud y sistemas de agua y saneamiento pone en riesgo el acceso a atención médica, lo que favorece la propagación de enfermedades infecciosas como la polio, el cólera y la hepatitis A. Este colapso no solo afecta a los niños heridos en los conflictos, sino que también priva a aquellos que padecen enfermedades crónicas de los tratamientos necesarios.

La situación de los niños en conflictos armados es un tema que requiere atención urgente y acción decidida por parte de la comunidad internacional. La AEP, junto a otras organizaciones, está promoviendo la necesidad de visibilizar el impacto de los conflictos bélicos en la infancia y de generar políticas que prioricen su protección y bienestar. Es imperativo que todos los actores involucrados en la resolución de conflictos y en la atención humanitaria comprendan que la infancia no puede ser considerada una víctima secundaria, sino que debe ser el foco de atención en cualquier esfuerzo por alcanzar la paz y la recuperación de las sociedades afectadas por la guerra. La defensa de los derechos de los niños en contextos de conflicto no es solo un deber moral, sino una responsabilidad compartida que requiere de la colaboración y el compromiso de todos los sectores de la sociedad.