Un juzgado civil y comercial de La Plata ha dictado una sentencia que obliga a indemnizar con más de 33 millones de pesos a una mujer que sufrió lesiones severas durante una cirugía estética en un sanatorio privado. Este trágico suceso, ocurrido en junio de 2022, ha puesto de manifiesto los riesgos involucrados en estos procedimientos y la responsabilidad que asumen tanto los profesionales de la salud como las instituciones donde se llevan a cabo.

La paciente, de 43 años, se presentó en el sanatorio con la intención de someterse a una mastopexia y una abdominoplastia, dos intervenciones quirúrgicas que han ganado popularidad en los últimos años. Sin embargo, la experiencia se tornó en una pesadilla cuando, al despertar de la anestesia, notó la aparición de ampollas y quemaduras que afectaron gravemente sus piernas. Inicialmente, el personal médico atribuyó las lesiones a una posible reacción alérgica, pero el estado de salud de la paciente se deterioró rápidamente.

El día de la operación, el cirujano realizó curaciones y, tras prescribir medicación, decidió darle el alta al día siguiente. Sin embargo, la situación no mejoró en su hogar. La mujer tuvo que buscar atención médica en varias ocasiones antes de ser derivada a una institución especializada en quemaduras. Allí se le diagnosticaron quemaduras de tercer grado y cicatrices atróficas, lo que requirió un tratamiento médico extenso y el seguimiento de diferentes especialistas para abordar las secuelas físicas y psicológicas del incidente.

La acción legal fue iniciada contra el cirujano y el sanatorio, incluyendo también a las compañías de seguros relacionadas. En la demanda, la mujer solicitó una compensación que supera los 20 millones de pesos, argumentando que necesitaba cubrir no solo los gastos médicos, sino también el daño moral y las secuelas estéticas y psíquicas que le había dejado la cirugía fallida. Este caso pone en evidencia la creciente preocupación sobre la seguridad de las cirugías estéticas, especialmente cuando no se siguen los protocolos adecuados.

En respuesta a la demanda, los acusados negaron cualquier responsabilidad, sugiriendo que las lesiones podrían haber ocurrido fuera del quirófano, incluso insinuando la posibilidad de una reacción alérgica a los productos utilizados. El sanatorio argumentó que la paciente había interrumpido el seguimiento médico y que, por lo tanto, no había responsabilidad por parte del personal médico. Sin embargo, estas afirmaciones fueron desestimadas en el juicio, donde se presentaron informes periciales de expertos en cirugía plástica y dermatología.

Los peritos concluyeron que las quemaduras no estaban relacionadas con alergias, sino que eran consecuencia de un contacto accidental con la planchuela de electrobisturí, un equipo médico utilizado durante la cirugía. Este hallazgo fue fundamental para la resolución del caso, ya que se evidenció que la atención brindada no cumplió con los estándares esperados, generando un daño irreversible en la salud de la paciente.

El fallo del juzgado no solo busca reparar el daño sufrido por la mujer, sino que también envía un mensaje claro sobre la responsabilidad que tienen los profesionales de la salud en el ejercicio de su actividad. Este tipo de incidentes resalta la importancia de una información clara y precisa por parte de los médicos, así como la necesidad de un consentimiento informado que contemple todos los posibles riesgos asociados a las intervenciones estéticas. La sentencia marca un precedente en la búsqueda de justicia para aquellos que sufren complicaciones en procedimientos médicos, recordando que la salud y la seguridad de los pacientes deben ser siempre la prioridad en la práctica médica.