Los impactos que sufren los jugadores de fútbol americano universitario en la cabeza están demostrando tener efectos significativos en la composición del microbioma intestinal, incluso en aquellos casos donde no se presentan síntomas de conmoción cerebral. Un estudio reciente publicado en la revista PLOS One ha revelado que los cambios en la microbiota intestinal pueden ocurrir en un lapso de pocos días tras estos golpes, lo que sugiere que la salud digestiva de los atletas podría verse comprometida, afectando así su recuperación cerebral y bienestar general.

El fútbol americano es un deporte de contacto donde los jugadores pueden experimentar entre 100 y 1.000 impactos en la cabeza a lo largo de una temporada. Hasta ahora, existían estudios que mostraban una clara relación entre las conmociones cerebrales y el deterioro del microbioma intestinal, que desempeña un papel crucial en la regulación de procesos como la inflamación y el sistema inmunológico. Sin embargo, la posible influencia de los impactos que no llegan a causar una conmoción cerebral había permanecido sin explorar hasta este nuevo estudio.

La investigación, liderada por Ahmet Ay y Kenneth Douglas Belanger de la Universidad Colgate, involucró a seis jugadores de la NCAA División I durante toda una temporada, comenzando desde la pretemporada. Para llevar a cabo este análisis, se utilizaron sensores instalados en los cascos de los jugadores que registraban los impactos, junto con sistemas de posicionamiento global (GPS) para monitorizar su actividad física. Los investigadores recolectaron un total de 226 muestras fecales y administraron encuestas sobre el estilo de vida de los jugadores después de cada recolección, lo que permitió obtener un panorama más claro sobre la influencia de los impactos en la cabeza.

En su análisis, se consideraron 15 factores potencialmente influyentes, como la alimentación, la intensidad del ejercicio, el sueño y los niveles de estrés, con el fin de aislar el efecto específico de los golpes en la cabeza sobre el microbioma intestinal. Los hallazgos más reveladores del estudio indican que la diversidad bacteriana del intestino se veía alterada entre dos y tres días después de recibir impactos significativos. En ese período, se observó una reducción en las bacterias del orden Coriobacteriales y de la familia Prevotellaceae, así como un aumento en el género Ruminococcus, lo que podría tener implicaciones serias para la salud a largo plazo de los deportistas.

Los grupos bacterianos afectados durante el estudio ya habían sido relacionados previamente con lesiones cerebrales y procesos inflamatorios, lo que añade un nivel de seriedad a los hallazgos. A medida que se avanzaba en la temporada, el microbioma intestinal de los jugadores mostró variaciones significativas, sugiriendo que la acumulación de impactos que no causan conmoción también está asociada con estos cambios, incluso después de considerar otros factores influyentes.

El director del estudio enfatizó que estos resultados aportan evidencia sólida de que los impactos en la cabeza, a pesar de no resultar en una conmoción o en otros síntomas evidentes, pueden modificar la composición de los microbios en el intestino, tanto a corto como a largo plazo. Sin embargo, los autores del trabajo reconocen que existen limitaciones en el estudio, como el reducido tamaño de la muestra y la falta de un grupo de control, lo que puede restringir la generalización de las conclusiones. No obstante, la investigación abre nuevas líneas de indagación sobre la relación entre el deporte de contacto y la salud intestinal, proponiendo que es necesario seguir investigando para entender mejor estos efectos y sus implicancias en la salud de los deportistas.