La mejora de la movilidad en adultos mayores se ha convertido en una prioridad en un mundo donde la esperanza de vida se incrementa constantemente. La entrenadora personal Shakira Akabusi, tras trabajar con su vecino de 92 años, ha compartido valiosas recomendaciones sobre cómo prevenir el encorvamiento en la vejez y fomentar una postura erguida. Su enfoque desafía la idea extendida de que el bienestar físico es un objetivo exclusivo de los jóvenes, evidenciando que nunca es tarde para adoptar hábitos saludables.
Para lograr una postura erguida durante el envejecimiento, es fundamental fortalecer los músculos del core y la espalda, realizar ejercicios que promuevan la movilidad, trabajar en el equilibrio y prestar atención al descanso y la nutrición. Estos elementos son cruciales para reducir el riesgo de encorvamiento, promoviendo así la autonomía y la confianza en los movimientos diarios. Al mantener estos hábitos, las personas mayores pueden conservar su independencia y mejorar su calidad de vida en general.
Con el paso del tiempo, es común que las personas experimenten un encorvamiento debido a diversos factores fisiológicos y sensoriales. La pérdida de masa muscular, el debilitamiento de la estructura central del cuerpo y la rigidez de las articulaciones son algunos de los aspectos que complican la posibilidad de mantener una postura erguida. Además, problemas de audición y visión, junto con una disminución en la propiocepción, pueden afectar la postura, ya que, al perder seguridad, es habitual que las personas miren hacia abajo al caminar, lo que acentúa aún más la tendencia al encorvamiento.
La reducción de la masa muscular no solo dificulta mantener una postura correcta, sino que también desplaza el centro de gravedad hacia adelante, lo que favorece una postura encorvada. Este debilitamiento afecta principalmente la parte frontal del torso, lo que dificulta el equilibrio y la estabilidad. Akabusi señala que la rigidez articular, acompañada de episodios de inflamación frecuente, agrava aún más la situación, ya que limita la movilidad y el control postural, generando un círculo vicioso que puede ser difícil de romper.
El debilitamiento del core, particularmente en las áreas abdominal y lumbar, tiene un impacto directo en la estabilidad y el alineamiento del cuerpo. Cuando estos músculos pierden su eficacia, la postura se resiente. La falta de actividad física contribuye a este problema, ya que las tareas diarias a menudo dejan de ser suficientes para mantener la fuerza en estos grupos musculares esenciales. Así, el sedentarismo se convierte en un enemigo silencioso que afecta la postura y la salud en general.
La disminución de la masa muscular y la movilidad restringida a menudo se presentan como un conjunto. A medida que las personas envejecen, la velocidad de reacción y la fuerza de los movimientos tienden a disminuir, lo que dificulta actividades cotidianas como levantarse, caminar erguido o recuperar el equilibrio tras un tropiezo. Además, la tendencia a permanecer más tiempo sentados intensifica la debilidad muscular, perpetuando un ciclo de inactividad que perjudica la salud.
La propiocepción, la habilidad de percibir y controlar la posición del cuerpo, juega un rol vital en la corrección automática de la postura y en la prevención de caídas. Sin embargo, con el avance de la edad, este sentido puede deteriorarse, generando inseguridad en los movimientos. Akabusi enfatiza que, al perder confianza en nuestro equilibrio, es común que tendamos a mirar hacia abajo al caminar, lo que contribuye al encorvamiento y a una postura menos saludable. Por lo tanto, trabajar en la mejora de la propiocepción puede ser una estrategia fundamental para ayudar a los adultos mayores a mantener una buena postura y, en consecuencia, una mejor calidad de vida.



