El 12 de junio, la Casa Real de Tailandia anunció con profundo pesar el fallecimiento de la princesa Bajrakitiyabha, conocida cariñosamente como "Bha", quien murió a los 47 años tras una prolongada hospitalización que se extendió por más de tres años. Su deceso no solo marca la pérdida de un miembro de la familia real, sino también el adiós a una figura que había logrado acercar a la monarquía tailandesa a un enfoque más contemporáneo. Su legado perdurará en el tiempo, ya que logró fusionar la tradición monárquica con un compromiso genuino hacia el bienestar social y el desarrollo del país.
Bajrakitiyabha, primogénita del rey Vajiralongkorn, fue una diplomática de renombre que destacó por su carisma y su activa participación en asuntos de Estado. A lo largo de su vida, se formó en Derecho en la Universidad de Chicago y completó sus estudios en Relaciones Internacionales. Este sólido trasfondo académico, sumado a su experiencia en el servicio diplomático, la posicionó como una figura clave dentro de la estructura de la Casa Real, siendo vista como una potencial heredera al trono en un momento en que la monarquía buscaba revitalizar su imagen ante la población.
A lo largo de su carrera, la princesa ocupó diversos cargos de relevancia, incluyendo el de embajadora de Tailandia en Austria y representantes ante organismos internacionales como Naciones Unidas. Su compromiso hacia causas humanitarias, en particular en temas de género y derechos humanos, le valió el respeto tanto a nivel nacional como internacional. En 2016, tras la muerte de su abuelo, el rey Bhumibol, Bajrakitiyabha asumió un rol más visible en la Casa Real, participando activamente en ceremonias y eventos, lo que fue interpretado como un intento de modernizar la imagen de la monarquía tailandesa.
El año 2021 marcó un cambio significativo en su carrera cuando dejó su puesto en la Oficina del Fiscal General para asumir el mando del Cuerpo de Seguridad de la Casa Real, siendo promovida al rango de general. Este nombramiento fue visto como una señal de que la princesa estaba siendo preparada para un papel más prominente dentro de la monarquía. Su nueva imagen, con un corte de cabello corto y su frecuente aparición en actos oficiales con uniforme militar, alimentó las especulaciones sobre su posible ascenso como heredera del trono.
Sin embargo, en diciembre de 2022, su vida dio un giro inesperado cuando, mientras entrenaba a sus perros en Nakhon Ratchasima, sufrió un desvanecimiento. Fue trasladada de inmediato a Bangkok, donde fue admitida en el Hospital Chulalongkorn, donde permaneció hasta su fallecimiento. Las autoridades médicas informaron que la princesa estaba afectada por una bacteria micoplasma, que provocó una grave inflamación del corazón y alteraciones en su ritmo cardíaco.
La Casa Real mantuvo un estricto secreto sobre el estado de salud de la princesa, comunicando esporádicamente sobre su deterioro. Esta falta de información generó preocupación y especulaciones entre la población tailandesa, que había visto en Bajrakitiyabha una figura de esperanza y modernidad. Finalmente, la noticia de su muerte ha dejado un vacío en la familia real y en el corazón de muchos tailandeses, que recordarán a la princesa como un ícono de cambio y compasión en un tiempo de transición para la monarquía.
Con su partida, Tailandia enfrenta no solo la pérdida de una figura entrañable, sino también la incertidumbre sobre el futuro de su monarquía, que se encuentra en un momento crítico de su historia. La figura de Bajrakitiyabha, que supo combinar tradición y modernidad, será recordada por su dedicación al servicio público y su compromiso con la nación.
La muerte de la princesa representa un hito en la historia contemporánea de Tailandia, y su legado perdurará en aquellos que continúan luchando por una monarquía más inclusiva y conectada con las necesidades de la sociedad actual. Su memoria vivirá en los corazones de aquellos que la siguieron y apoyaron su visión para un futuro más brillante para el país.



