Facundo Manes, reconocido neurocientífico y político argentino, ha comenzado a generar un debate profundo sobre la situación de la salud mental y la educación en el país. Durante su intervención en la Feria del Libro, en un panel organizado por Ticmas, Manes enfatizó la alarmante situación que enfrentan los jóvenes: ocho de cada diez presentan síntomas de ansiedad o depresión. Esta afirmación, que lanza con contundencia, sirve como un llamado a la acción para que la sociedad tome conciencia de un problema que, aunque se presenta de distintas formas, está intrínsecamente relacionado con otros temas críticos como la pobreza, la desigualdad y el impacto de la inteligencia artificial en la educación.

El neurocientífico destaca su capacidad para comunicarse de manera efectiva, evitando el uso de terminología técnica que podría alejar al público general. En una conversación con Milagros Hadad, Manes utilizó ejemplos concretos para ilustrar cómo la pobreza afecta el desarrollo cognitivo temprano. En lugar de hablar de “déficit en el desarrollo neurológico”, mencionó un estudio en el que niños de cuatro años provenientes de familias con limitaciones económicas podían identificar solo 10 de 60 imágenes, mientras que aquellos que recibían un mejor estímulo emocional y nutricional lograban nombrar las 60. Esta brecha se manifiesta antes de que los niños ingresen al sistema educativo, lo que pone en duda la premisa de la meritocracia en un contexto desigual.

El neurocientífico argumenta que, a pesar de los avances tecnológicos y médicos que permiten vivir mejor que en épocas pasadas, los índices de trastornos mentales no cesan de aumentar. En Estados Unidos, se estima que uno de cada dos ciudadanos experimentará un trastorno mental a lo largo de su vida, y a nivel global, uno de cada tres. Manes sostiene que la diferencia en estos números puede deberse a las prácticas de diagnóstico más que a la prevalencia real de los trastornos. A su vez, menciona que aquellos que no sufren estas condiciones deben asumir la responsabilidad de cuidar a quienes sí lo hacen, subrayando que no existe una “mitad sana” que pueda observar desde la distancia.

El compromiso de Manes con la salud mental es tangible; fue pionero en la creación de la primera ley de salud cerebral a nivel mundial, que ha sido aprobada por la Cámara de Diputados y aguarda su discusión en el Senado. En sus palabras, "Un país sin salud cerebral no puede tener capital humano", reflejando así la importancia de abordar este tema desde una perspectiva integral que incluya políticas públicas efectivas.

Al abordar la situación en Estados Unidos, Manes identifica la soledad como uno de los problemas más graves que enfrenta la sociedad contemporánea. Según él, el país ha sido diseñado para fomentar la individualidad, donde las personas realizan actividades como ir al gimnasio o trabajar de manera solitaria. Para respaldar su afirmación, citó al cirujano general del gobierno de Joe Biden, quien advirtió que la soledad crónica tiene efectos adversos comparables a fumar quince cigarrillos diarios, afectando la salud de manera más significativa que la contaminación ambiental o la obesidad.

La relación entre la salud mental y la educación es un punto crucial en el discurso de Manes. En un mundo donde la inteligencia artificial comienza a ocupar un lugar preponderante en el aprendizaje, él sostiene que el valor del docente no debería medirse únicamente por su conocimiento enciclopédico, sino por su capacidad de emocionar y conectar con los estudiantes. La empatía y la contención emocional se convierten en habilidades esenciales para los educadores, quienes deben ser capaces de inspirar a sus alumnos y ofrecer un espacio seguro. Manes concluye que los docentes que dejan una huella perdurable en la vida de los estudiantes son aquellos que brindan apoyo emocional, no solo los que imparten conocimientos técnicos.