El yoga, una disciplina que tiene sus raíces en la India hace más de dos mil años, ha logrado un reconocimiento global por sus múltiples beneficios. Esta práctica se enfoca en la conexión entre cuerpo y mente mediante movimientos, posturas, respiración y meditación. Aunque muchas personas inician su camino en el yoga con el objetivo de mejorar su condición física, pronto descubren que sus aportes son mucho más profundos.

La investigación contemporánea respalda que el yoga no solo mejora la fuerza, la flexibilidad y la resistencia cardiorrespiratoria, sino que también tiene un impacto significativo en la salud mental. Múltiples estudios han evidenciado que la práctica regular de esta disciplina puede ser efectiva para reducir la ansiedad, el estrés y los síntomas de depresión. Asimismo, se ha observado que favorece la regulación emocional y la claridad mental, aspectos cruciales para el bienestar general.

Un hallazgo relevante de recientes investigaciones sugiere que el yoga podría ralentizar la pérdida de memoria en mujeres con predisposición a la enfermedad de Alzheimer. Esto enfatiza su potencial como herramienta para el cuidado de la salud mental. Además, estudios de neuroimagen han demostrado que quienes practican yoga presentan un aumento en el volumen de materia gris en áreas del cerebro vinculadas a la memoria y la toma de decisiones, lo que sugiere que esta práctica puede tener un efecto protector ante el envejecimiento cerebral y contribuir a la agudeza mental.