Durante mucho tiempo, la lactancia materna fue considerada principalmente como una fuente de nutrición esencial para los recién nacidos. Sin embargo, la investigación científica reciente ha comenzado a revelar que este proceso también está estrechamente vinculado a la función del sistema inmunitario. Estudios realizados por equipos del Salk Institute en Estados Unidos han puesto de manifiesto el papel crucial de las células T, un tipo de glóbulo blanco responsable de coordinar las defensas del organismo, tanto para la madre como para el bebé.
Expertos como Deepshika Ramanan sugieren que es fundamental concebir la lactancia como un estado biológico dinámico, en el cual el sistema inmunitario se encuentra en constante actividad. Durante este periodo, se observa un aumento en la cantidad de subpoblaciones de células T, que desempeñan funciones que trascienden la simple defensa contra infecciones. Estas células no solo participan en la maduración de la glándula mamaria, sino que también ayudan a mantener la producción de leche y podrían tener un rol en mecanismos que protegen contra el cáncer de mama.
Los hallazgos indican que la ausencia de ciertas células T puede comprometer el desarrollo adecuado del tejido mamario y reducir la producción de leche. Investigaciones en modelos animales han demostrado que cuando esto ocurre, se asocia con un crecimiento inferior en las crías, lo que subraya la relevancia del sistema inmunitario durante la lactancia. Además, los estudios han encontrado similitudes entre las células T en la glándula mamaria y el intestino materno, sugiriendo una conexión inmunológica que podría facilitar la transferencia de señales defensivas a través de la leche, contribuyendo así al desarrollo del sistema inmunitario del recién nacido.



