El sarampión, una enfermedad que había sido erradicada del continente americano en 2016, está experimentando un alarmante resurgimiento en Latinoamérica. Este fenómeno ha sido señalado por diversas instituciones de salud que han analizado el impacto de la pandemia de COVID-19 en las tasas de vacunación y la propagación de enfermedades contagiosas. Entre los países en la mira se encuentra Argentina, que se enfrenta a la posibilidad de un aumento en los contagios si no se toman medidas adecuadas.
De acuerdo a un informe reciente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se registraron 18.352 casos confirmados de sarampión en América durante el año 2026, una cifra que refleja un preocupante incremento respecto a los 14.503 infectados reportados el año anterior. Esta situación ha llevado al fallecimiento de al menos 45 personas, la mayoría de ellas niños, concentrándose los casos en países como México y Guatemala, aunque también se han reportado brotes en Bolivia y Perú. La OPS ha expresado su preocupación por la propagación del virus, sugiriendo que las condiciones actuales podrían llevar a un deterioro de la salud pública en la región.
La erradicación del sarampión en 2016 marcó un hito importante en la lucha contra esta enfermedad, pero la situación comenzó a cambiar en 2017 cuando se reportaron nuevos casos en Venezuela, donde la cobertura de vacunación es insuficiente. La crisis económica y social en el país ha llevado a un éxodo masivo de migrantes, lo que facilitó el cruce del virus hacia Brasil, desencadenando brotes en comunidades vulnerables. Esta dinámica muestra cómo las crisis políticas y económicas pueden tener repercusiones directas en la salud pública de los países vecinos.
Con la llegada de la pandemia de COVID-19, el sarampión ya había infectado a más de 30.000 personas en el continente y causado más de cien muertes, muchas de ellas en niños. Aunque la enfermedad no ha alcanzado los alarmantes niveles de incidencia que tuvo en el siglo XX, antes de las campañas masivas de vacunación, el resurgimiento actual plantea serios desafíos. En aquel entonces, se reportaban anualmente alrededor de 200.000 casos, una cifra que pone en evidencia el retroceso que ha sufrido la inmunización en los últimos años.
El brote más reciente se inició en Canadá en octubre de 2024, tras la asistencia a una boda donde un invitado había viajado desde Tailandia, lo que llevó a la propagación del virus hacia comunidades menonitas en Texas y México. Estas comunidades, conocidas por su resistencia a las vacunas, han contribuido a la propagación del virus, lo que ha puesto de relieve la importancia de mantener altos niveles de cobertura vacunal para evitar que brotes como este se conviertan en epidemias generalizadas.
El contraste es evidente al observar las cifras de vacunación en México, donde en 2014 el 96% de los niños recibieron la segunda dosis de la vacuna contra el sarampión. Sin embargo, para 2024, esta cifra había caído por debajo del 70%, reflejando un preocupante deterioro en las políticas de vacunación de la región. Esta tendencia ha sido similar en otros países latinoamericanos, lo que ha llevado a que la región pase de tener una de las tasas de vacunación infantil más altas del mundo a una de las más bajas. Las causas de este retroceso son diversas, pero la pandemia de COVID-19 ha sido un factor clave, ya que los recursos y el personal de salud se han desviado hacia la atención de esta emergencia, dejando a los programas de vacunación en un segundo plano. Por lo tanto, es crucial que los gobiernos de América Latina, incluida Argentina, redoblen esfuerzos para revitalizar sus campañas de vacunación y asegurar la protección de sus poblaciones más vulnerables.



