A cuatro años de la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de Covid-19, su impacto en la vida cotidiana de las familias argentinas sigue siendo palpable. Un reciente estudio revela que los efectos psicológicos y emocionales de la crisis sanitaria han dejado huellas profundas que perduran en el tiempo, transformándose en una nueva realidad que afecta a diversos aspectos del bienestar familiar. Este fenómeno no se limita a Argentina; comparte similitudes con otros países de Sudamérica, como Chile y Ecuador, donde se observan patrones de comportamiento y bienestar que también se han visto alterados.

La investigación, titulada “Cambios en la vida familiar en Chile, Argentina y Ecuador: aprendizajes post crisis sociosanitaria”, fue llevada a cabo por un equipo de académicos de la Universidad San Sebastián de Chile, la Universidad Austral de Argentina y la Universidad Técnica Particular de Loja de Ecuador. A través de entrevistas y testimonios de 60 familias, se evidenció que el malestar emocional y la sensación de soledad, lejos de desaparecer con el levantamiento de las restricciones, se han intensificado. Esto es alarmante, especialmente en un contexto de crisis económica persistente que complica aún más la búsqueda de bienestar.

La prolongada cuarentena en Argentina, marcada por estrictas medidas de aislamiento, ha dificultado la transición hacia una nueva normalidad. Este retorno ha sido tan complejo como lo fue la adaptación al confinamiento inicial. Victoria Bein, licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, quien participó en el estudio, señala que esta fase de transición ha estado marcada por un profundo miedo hacia el exterior, lo que ha afectado principalmente a los niños. Estos pequeños han reflejado la angustia del entorno a través de manifestaciones de temor, lo que resalta la necesidad de abordar el bienestar emocional desde una perspectiva integral.

La salud mental de la población ha sido una preocupación creciente en el contexto postpandemia, y las profesionales de la salud mental han notado un aumento significativo en las consultas vinculadas a este tema. Denisse Finelli, especialista en atención infantojuvenil, afirma que es habitual indagar sobre la experiencia de las familias durante la pandemia al recibirlas en consulta. Esto se debe a que muchos momentos de desarrollo crítico se produjeron en ese período, impactando la construcción de recursos psíquicos que son fundamentales para gestionar el malestar emocional.

El estudio no solo destaca la angustia en adultos, sino que también pone de relieve las repercusiones en niños y adolescentes. Durante los primeros días de confinamiento, la desinformación y la incertidumbre generaron un estado de alerta constante en muchos adultos, lo que se traduce en ansiedad y dificultades para proyectar el futuro. Los niños, por su parte, experimentan problemas en la regulación emocional y una baja tolerancia a la frustración, mientras que los adolescentes han reportado un aumento en episodios de pánico y autolesiones, dificultando la expresión de sus emociones.

Este análisis se complementa con un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que advierte sobre el aumento de trastornos mentales a nivel global como consecuencia de la pandemia. La necesidad de abordar la salud mental no solo como un tema de salud pública, sino también como un desafío social, es más urgente que nunca. Las secuelas de esta crisis sociosanitaria demandan atención y recursos que permitan a las familias argentinas y de la región reconstruir sus lazos y recuperar su bienestar emocional, en un contexto que sigue siendo complejo y desafiante.

En resumen, la huella que ha dejado la pandemia en la salud mental de las familias argentinas es un recordatorio de que los efectos de una crisis no siempre se desvanecen con su finalización. La atención debe centrarse en el acompañamiento emocional, la comprensión de las vivencias pasadas y la construcción de un futuro más esperanzador, donde el bienestar integral de la familia sea una prioridad en la agenda pública y social.