Un nuevo análisis revela que, de continuar las políticas climáticas actuales, las combinaciones de olas de calor extremas y sequías severas podrían afectar a miles de millones de personas para el año 2100. Según el estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters, se estima que estos fenómenos climáticos se producirán cinco veces más frecuentemente, lo que representa un grave riesgo para la salud, la agricultura y la economía global.

Los investigadores, liderados por el científico Di Cai de la Universidad Oceánica de China, destacan que el calor extremo y la falta de agua se retroalimentan, incrementando las probabilidades de incendios forestales, pérdidas de cosechas y un incremento en las muertes relacionadas con el calor. Cai subraya la interconexión entre estos fenómenos, indicando que en situaciones de calor y sequía se generan restricciones en el acceso al agua y fluctuaciones en los precios de los alimentos, lo que pone en peligro a quienes trabajan en el exterior.

El estudio se basa en un análisis exhaustivo de 152 simulaciones realizadas mediante ocho modelos climáticos distintos. Los autores definieron los eventos de calor seco como aquellos días en los que las temperaturas se encuentran dentro del 10% más alto, junto con condiciones de sequía moderadas. Durante el periodo de 2001 a 2020, se registraron aproximadamente cuatro episodios de sequías extremas por año, cifra que se duplica en comparación con el periodo preindustrial de 1850 a 1900.

De acuerdo con las proyecciones, para finales de este siglo, la frecuencia de estos eventos podría aumentar a un promedio de diez por año, con algunos de ellos extendiéndose hasta 15 días. El riesgo de enfrentar días calurosos y secos será, para entonces, más de cinco veces superior al que se registró entre 1961 y 1990, afectando a una parte significativa de la población mundial.

Los investigadores estiman que alrededor del 28% de la población global, lo que equivale a casi 2.600 millones de personas, podría verse afectada por estas condiciones climáticas extremas. La climatóloga Monica Ionita, del Instituto Alfred Wegener en Alemania, señala que este porcentaje es alarmante y debería ser un llamado de atención para repensar nuestras acciones en relación al cambio climático.

La proyección contrasta drásticamente con las expectativas de que menos del 7% de la población mundial enfrentará un riesgo similar de olas de calor o sequías en la próxima década. Resulta preocupante que los países de ingresos bajos, que contribuyen mínimamente a las emisiones globales de gases de efecto invernadero, sean los que más sufrirán las consecuencias de estos fenómenos. Cai enfatiza que la situación es profundamente injusta, dado que en estas naciones el acceso a servicios básicos, como el aire acondicionado o la atención médica, es limitado.

Ionita, por su parte, había anticipado que el cambio climático avanzaría a un ritmo más lento, con proyecciones que apuntaban a un impacto del 10% o 15% de la población para el año 2100. Sin embargo, los hallazgos de este estudio indican que el escenario es más grave de lo que se esperaba. La inminente crisis climática exige una respuesta urgente y coordinada a nivel global para mitigar sus efectos y proteger a las comunidades más vulnerables.