Sídney (Australia), 7 de mayo (Redacción Medios Digitales) - Los koalas, emblemáticos representantes de la fauna australiana, están comenzando a mostrar un comportamiento inusual ante las crecientes olas de calor en su hábitat. Estos marsupiales, que tradicionalmente se alimentaban de las hojas de eucalipto y obtenían de ellas la mayor parte del agua que necesitaban, ahora se ven forzados a descender de los árboles en busca de agua. En su búsqueda, han sido vistos bebiendo de aspersores, piscinas e incluso de botellas que les ofrecen los residentes locales, un cambio alarmante que refleja el impacto del cambio climático sobre esta especie.

La investigadora Valentina Mella, originaria de Italia y actualmente vinculada a la Universidad de Sídney, ha estado evaluando el comportamiento de los koalas desde hace más de diez años. Según Mella, los testimonios de los agricultores sobre la sed de los koalas desafiaron la creencia científica anterior, que afirmaba que estos animales estaban completamente adaptados a obtener el agua que necesitaban de su dieta. Sin embargo, el cambio climático ha desafiado esta noción, generando preocupaciones sobre la supervivencia de una especie que ya fue declarada en peligro por el Gobierno australiano en 2022.

Desde 1910, Australia ha experimentado un aumento en la temperatura promedio de aproximadamente 1,5 grados Celsius, y las olas de calor son cada vez más frecuentes y prolongadas. Estas condiciones extremas se suman a otros factores que amenazan la vida de los koalas, como la destrucción de su hábitat, el tráfico carretero, ataques de perros y enfermedades como la clamidia, que causa infertilidad y ceguera en estos animales. La combinación de estos desafíos ha puesto en riesgo la población de koalas, convirtiéndolos en una especie cada vez más vulnerable.

La localidad de Gunnedah, en Nueva Gales del Sur, es un área que una vez se destacó por su creciente población de koalas. Sin embargo, una ola de calor en 2009 tuvo un efecto devastador, matando aproximadamente al 25% de la población local. Desde entonces, la situación solo ha empeorado; actualmente, se estima que el 75% de las hembras en esa región son infértiles y, alarmantemente, quedan pocos ejemplares vivos.

La investigadora Mella ha podido observar de primera mano cómo los koalas se acercan a las fuentes de agua. Junto a un agricultor local, instaló estaciones de agua y cámaras para documentar el consumo de agua por parte de los koalas. Los resultados fueron sorprendentes: no solo beben en días de intenso calor, sino que buscan agua de manera constante. Este hallazgo subraya la necesidad de asegurar el acceso a agua potable para estos animales en un contexto de cambio climático.

Además de buscar agua, los koalas están desarrollando estrategias de adaptación al calor extremo. Durante las jornadas más calurosas, se observó que estos marsupiales se acurrucan en los troncos de los árboles para regular su temperatura corporal y buscan refugio en áreas con sombras densas. Aunque pueden soportar temperaturas corporales cercanas a los 41 grados Celsius, esta resistencia tiene sus límites, lo que hace que su supervivencia sea cada vez más incierta.

En medio de esta crisis, algunos científicos se centran en la diversificación genética de los koalas para garantizar su futura supervivencia. La genetista Carolyn Hogg, quien lidera uno de los proyectos más ambiciosos sobre la genética de esta especie en la Universidad de Sídney, ha secuenciado más de 800 genomas de koalas. Su trabajo es fundamental para entender si los koalas poseen la diversidad genética necesaria para enfrentar los desafíos que les plantea el calentamiento global y la pérdida de hábitat.

El futuro de los koalas, un símbolo icónico de Australia, está en juego. Es imperativo que se tomen medidas urgentes para garantizar su supervivencia, que no solo depende de la conservación de su hábitat, sino también de la adaptación a un entorno cada vez más hostil. Las acciones que se implementen en los próximos años serán cruciales para determinar si esta especie emblemática podrá resistir las inclemencias del cambio climático y seguir siendo parte del paisaje australiano.