En un esfuerzo monumental por actualizar sus cifras demográficas, India ha puesto en marcha el Censo Nacional, un proceso que involucra a alrededor de tres millones de educadores que se han convertido en los encargados de registrar a la población del país. Este censo es crucial, especialmente después de un prolongado vacío estadístico de quince años, que ha dejado a una parte significativa de la población, estimada en unos 100 millones de personas, fuera de los registros oficiales y del acceso a subsidios esenciales como los alimentarios. La situación se agrava al ser India la nación más poblada del mundo, con proyecciones que la colocan por encima de los 1.430 millones de habitantes.

El contexto de este censo es complejo. La pandemia de COVID-19 obligó a posponer el recuento originalmente programado para 2021, lo que intensifica la urgencia de esta tarea. Tras más de una década sin actualizaciones, el Estado indio enfrenta el reto de recopilar datos precisos en un entorno donde la informalidad y el hacinamiento son la norma. La recolección de datos se realiza en asentamientos donde muchas viviendas carecen de paredes, lo que complica la tarea de definir conceptos tradicionales de vivienda y hogar.

Los educadores, como Konain Arshad y Gunjan Jain, se han adentrado en los laberintos de los asentamientos informales de Nueva Delhi armados con mapas que ellos mismos han elaborado. En su recorrido, deben registrar cada hogar, muchas veces sin puertas y en condiciones precarias. Arshad señala que, a pesar de que las autoridades habían identificado 269 casas en su área, al llegar al lugar se encontraron con un número mucho mayor de viviendas no registradas, lo que evidencia la dificultad de este trabajo en terreno.

Para abordar la diversidad de situaciones habitacionales, el censo no se limita a un concepto rígido de vivienda. Se considera la independencia alimentaria como un criterio fundamental: si en un mismo espacio viven varias familias que cocinan de manera separada, cada una se contabiliza como un hogar distinto. Este enfoque es esencial para reflejar la realidad de muchas familias que, a pesar de compartir un techo, llevan vidas independientes en términos de alimentación y recursos.

El proceso de recolección de datos se lleva a cabo mediante una aplicación móvil que permite a los educadores realizar un cuestionario exhaustivo de 35 preguntas. Estas preguntas abarcan desde el acceso a internet hasta el tipo de alimentos que consumen, información vital para que el gobierno ajuste su distribución de recursos y programas alimentarios para la próxima década. Este censo no solo se trata de números; es la clave para desbloquear reformas críticas, como las medidas que garantizan la representación femenina en el parlamento, que dependen de los resultados de este recuento.

Sin embargo, el avance del censo enfrenta múltiples desafíos. Las condiciones climáticas son adversas, con temperaturas que superan los 40 grados, y el equipo de encuestadores a menudo se encuentra lidiando con escaleras inestables para acceder a viviendas en pisos superiores. Además, el escepticismo de la población también representa un obstáculo. En un país donde más del 41,4% de los habitantes urbanos vive en asentamientos informales, la desconfianza hacia el proceso es palpable. A pesar de los esfuerzos realizados, la reciente pérdida de dos educadores en el estado de Odisha mientras realizaban su trabajo bajo el sol abrasador subraya la precariedad de la situación y la necesidad urgente de contar a aquellos que han permanecido en la sombra de la estadística.

El censo en India no es solo un ejercicio administrativo; es una puerta abierta hacia una mayor inclusión y reconocimiento de las necesidades de millones de ciudadanos. En este sentido, el éxito del censo podría significar un cambio significativo en la forma en que el Estado aborda la pobreza, la distribución de recursos y el desarrollo social en un país que se enfrenta a desafíos demográficos sin precedentes.