Un reciente estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA) revela que casi el 60% de los niños, niñas y adolescentes en el país se encuentran bajo la línea de pobreza. Esta situación crítica se agrava aún más al señalar que aproximadamente el 30% de esta población no tiene acceso regular a alimentos, lo que plantea un desafío urgente para las políticas sociales y de salud pública. Aunque se ha observado una leve disminución en la pobreza infantil en los últimos años, las desigualdades y privaciones continúan siendo una realidad alarmante para millones de familias argentinas.

El informe, que forma parte de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), indica que en 2025 la pobreza infantil se situó en un 53,6%, mientras que la indigencia alcanzó un 10,7%. Estos datos, aunque muestran una ligera mejoría respecto a años anteriores, no deben llevar a confusiones sobre una supuesta solución estructural al problema. La UCA advierte que, si bien los números del último año ofrecen un alivio temporal, la pobreza infantil sigue siendo un asunto profundamente arraigado en la sociedad argentina, con un aumento sostenido a lo largo de la última década.

Históricamente, el análisis de la pobreza y la indigencia en la infancia muestra un aumento gradual en momentos de crisis económica, con descensos temporales en períodos de recuperación. Sin embargo, el resultado neto es una tendencia ascendente que se ha acentuado en los últimos años. En particular, las cifras de asistencia alimentaria también alcanzan un récord preocupante, elevándose al 64,8% en 2025, una consecuencia directa de la implementación de programas como la Tarjeta Alimentar en 2020, que han buscado mitigar el impacto de la crisis.

Comparando los datos actuales con años anteriores, en 2010 el 45,2% de los niños y adolescentes se encontraba en situación de pobreza. Aunque hubo una leve disminución entre 2011 y 2012, la tendencia general ha sido de deterioro constante, alcanzando picos alarmantes en 2020 y 2021, donde la pobreza infantil se situó entre el 64% y el 65%. A pesar de los avances de 2024 y 2025, la situación actual sigue siendo alarmante y notoriamente superior a la de años previos, lo que plantea serias interrogantes sobre la efectividad de las políticas implementadas.

En lo que respecta a la indigencia, los números presentan un comportamiento similar, con oscilaciones más marcadas. En 2010, la indigencia afectaba al 11,4% de la población infantil, descendiendo a un 8% en 2011 y 2012, pero luego experimentando un incremento que la llevó a un 17,7% en 2024. A pesar de la caída al 10,7% en 2025, este dato aún está muy por encima de los niveles ideales, lo que indica que se requiere un enfoque más integral para abordar esta problemática.

Un aspecto preocupante que subraya el informe es que el 28,8% de los niños y adolescentes padecieron inseguridad alimentaria en 2025, con un 13,2% enfrentando esta situación en su forma más severa. Aunque estos números indican un avance respecto a 2024, todavía no alcanzan las cifras previas a 2017. La inseguridad alimentaria se concentra principalmente en los hogares de menores ingresos, siendo más pronunciada en los sectores socioeconómicos más vulnerables y en el Conurbano bonaerense.

La asistencia alimentaria, que ha llegado a niveles récord, es un claro indicador de la necesidad de intervenciones más efectivas y sostenibles en el tiempo. Desde 2020, el aumento en la cobertura de comedores escolares y comunitarios ha sido notable, pero la situación sigue siendo crítica. Además, la cobertura de transferencias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) ha alcanzado a un 42,5% de los niños, aunque con una merma significativa en los últimos años. En este contexto, es fundamental que las políticas públicas se enfoquen en la erradicación de la pobreza infantil y en garantizar el derecho a la alimentación y la salud de todos los niños y adolescentes en Argentina.