La práctica de dormir abrazando una almohada es común entre personas de diversas edades y culturas, según los especialistas. Este gesto, que busca brindar comodidad y bienestar emocional, se ha convertido en una costumbre apreciada durante el sueño.
Muchos individuos tienden a rodear la almohada con sus brazos o piernas, lo que puede estar relacionado tanto con un hábito arraigado como con la sensación de confort que este contacto proporciona. Cada persona encuentra su propia forma de sentirse a gusto al dormir, y esta postura puede estar conectada a la búsqueda de seguridad emocional y compañía durante la noche.
Desde un enfoque psicológico, los expertos apuntan que abrazar la almohada puede ser un indicativo de la necesidad de afecto o protección. Sin embargo, esto no necesariamente implica un déficit emocional. Dormir de esta manera podría favorecer la calidad del sueño y disminuir el estrés, siempre que la postura resulte cómoda y no cause molestias físicas. En caso de dolores, se sugiere considerar un cambio en la forma de dormir, pero en general, esta costumbre se presenta como una opción válida para quienes buscan tranquilidad durante el descanso.



