El jengibre y la cúrcuma han cobrado protagonismo en la gastronomía y en las tendencias de bienestar, no solo por su sabor distintivo, sino también por sus propiedades beneficiosas para la salud.
El jengibre, conocido por su aroma característico y su leve picante, se utiliza tanto en recetas dulces como saladas. Esta raíz, perteneciente a la especie Zingiber officinale, es un ingrediente común en bebidas como el té de jengibre y en una variedad de platos asiáticos.
Por su parte, la cúrcuma, pariente del jengibre, es reconocida por su color naranja intenso y su uso en la cocina y la medicina tradicional asiática desde hace siglos. Un reciente metaestudio realizado por científicos de la Universidad Nacional de Seúl, que analizó más de 100 investigaciones previas, sugiere que el jengibre puede ser eficaz para combatir las náuseas y vómitos, mejorar la función gastrointestinal, reducir el dolor y la inflamación, y ofrecer protección en ciertos síndromes metabólicos. Además, se ha observado que el gingerol, su componente activo, favorece la motilidad intestinal, lo que facilita el tránsito de los alimentos por el sistema digestivo.
La cúrcuma, por otro lado, contiene curcumina, un compuesto con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, que podría ser beneficioso para quienes buscan controlar la inflamación. Aunque algunos estudios indican que el consumo de cúrcuma podría aliviar el dolor en personas con osteoartritis, se requiere más investigación para confirmar estos hallazgos. También se están explorando los posibles efectos de la cúrcuma en trastornos del estado de ánimo y condiciones como la depresión y la demencia, aunque los estudios hasta el momento son limitados.



