La crisis energética en Cuba se ha intensificado, provocando un impacto devastador en el sistema sanitario. Esta situación ha llevado a la suspensión de cirugías y ha limitado la prestación de servicios esenciales en hospitales, como han indicado representantes de la ONU. La escasez de combustible y los cortes de electricidad han hecho que la atención médica sea cada vez más precaria, generando un aumento en las preocupaciones sobre la salud pública en la isla.

Durante una reciente visita a Cuba, responsables de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) observaron de cerca las dificultades enfrentadas por el sistema de salud. Según su informe, la falta de electricidad y suministros está afectando gravemente áreas críticas como la atención de urgencias, los bancos de sangre y los programas de vacunación. La situación se torna aún más alarmante al considerar que miles de pacientes están en espera de procedimientos médicos vitales, lo cual pone de manifiesto la fragilidad del sistema sanitario cubano.

Altaf Musani, representante de la OMS, subrayó que el costo humano de esta crisis es significativo y se encuentra en constante aumento. Las estadísticas revelan que más de 100.000 personas, entre ellas alrededor de 11.000 menores, han visto sus operaciones postergadas debido a estos cortes de energía y la falta de insumos médicos. En este contexto, se estima que cerca de cinco millones de pacientes con enfermedades crónicas podrían enfrentar interrupciones en tratamientos esenciales, lo que podría desencadenar complicaciones serias en su salud.

Particularmente preocupante es la situación de los pacientes oncológicos en la isla. Más de 16.000 personas requieren radioterapia, y otras 12.000 están bajo tratamiento de quimioterapia. La inestabilidad en el suministro de energía eléctrica ha dificultado el funcionamiento adecuado de equipos médicos críticos. La falta de recursos no solo pone en riesgo la vida de estos pacientes, sino que también afecta la moral del personal sanitario que labora en condiciones cada vez más adversas.

Las mujeres embarazadas y los recién nacidos también se encuentran en una situación de vulnerabilidad. Más de 32.000 gestantes enfrentan riesgos adicionales debido a las limitaciones en el acceso a pruebas diagnósticas y al transporte, así como a la falta de un suministro eléctrico constante para operar incubadoras y otros equipos esenciales. Edem Wosornu, directora de operaciones de OCHA, describió la desesperante realidad en la que el personal de salud debe cargar agua por las escaleras mientras las mujeres dan a luz, debido a que las bombas no funcionan.

Además, la crisis del agua y el saneamiento incrementa el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas como el dengue y la chikungunya. La presión sobre los programas de vacunación se ha intensificado, ya que deben operar con limitaciones en la cadena de frío y en el abastecimiento de materiales. A pesar de este panorama desolador, OCHA y la OMS han elogiado la dedicación del personal médico cubano, que continúa brindando atención en circunstancias extremadamente difíciles. La urgencia de una respuesta humanitaria efectiva es cada vez más apremiante, y las organizaciones internacionales han instado a que la ayuda llegue sin demora para evitar un mayor deterioro de la situación sanitaria en Cuba.