La alimentación juega un papel crucial en la prevención de los cálculos renales, una afección que afecta a millones de personas en todo el mundo y cuya incidencia ha aumentado en los últimos años. Según los especialistas, adoptar hábitos alimenticios saludables y mantener una adecuada hidratación puede reducir significativamente el riesgo de desarrollar esta problemática. La Cleveland Clinic ha compartido recomendaciones valiosas que destacan la importancia de la dieta en la formación y prevención de estos depósitos minerales en los riñones.
Los cálculos renales se forman por la acumulación y solidificación de minerales y desechos en los riñones, y se estima que entre el 30% y el 50% de las personas que ya han tenido un episodio de este tipo volverán a sufrir otro en un período de cinco años. Expertos en urología como Jorge Gutiérrez-Aceves y Smita De han enfatizado que tanto la selección de alimentos como la cantidad de líquidos consumidos son factores determinantes en este proceso. La elección de una dieta adecuada no solo puede prevenir la formación de nuevos cálculos, sino también ayudar a disolver aquellos ya existentes.
La principal recomendación para quienes buscan evitar la formación de cálculos renales es incrementar la ingesta de agua. Gutiérrez-Aceves sugiere que consumir alrededor de tres litros de líquidos diarios es esencial para facilitar la eliminación de residuos a través de la orina y asegurar una adecuada producción de la misma. Esta medida es fundamental para reducir la concentración de minerales que pueden cristalizar y formar cálculos.
Además de la ingesta de agua, se recomienda incorporar otros líquidos saludables como el café, el té y, especialmente, las frutas cítricas como el limón, la lima y la naranja. Estos alimentos son ricos en citrato, un compuesto que ayuda a neutralizar la acidez de la orina y puede contribuir a la disolución de ciertos tipos de cálculos renales. Un simple truco es añadir jugo de limón o naranja al agua que se consume a lo largo del día, lo que puede aumentar la presencia de citrato en la dieta de forma efectiva.
El consumo de productos lácteos, que son ricos en calcio, también es fundamental para prevenir esta afección. A pesar de la creencia popular que sugiere evitar el calcio, este mineral en su forma alimentaria tiene la capacidad de neutralizar los oxalatos en el intestino, lo que disminuye el riesgo de desarrollar cálculos de oxalato de calcio, los más comunes. Gutiérrez-Aceves advierte que eliminar el calcio de la dieta puede ser contraproducente y que es preferible obtenerlo a través de los alimentos, a menos que se reciba una indicación médica en contrario.
La ingesta excesiva de sodio es otro factor que favorece la formación de cálculos renales. Los especialistas advierten que no solo se debe tener en cuenta la sal que se añade a los alimentos, sino también el sodio presente en productos procesados como embutidos, panes, cereales, sopas y aderezos. La recomendación es limitar la ingesta de sodio diaria a entre 1.500 y 2.000 miligramos, lo que equivale aproximadamente a media cucharadita de sal.
Por último, las proteínas de origen animal, presentes en carnes rojas, cerdo y mariscos, pueden incrementar el riesgo de desarrollar cálculos renales, ya que elevan los niveles de ácido úrico y la excreción de calcio en la orina. No es necesario eliminar completamente estos alimentos, pero se aconseja moderar las porciones a un máximo de 115 gramos por comida, lo que equivale al tamaño de una baraja de cartas. Seguir estas pautas alimentarias puede ser clave para reducir las posibilidades de enfrentar episodios dolorosos relacionados con los cálculos renales.



