El acné en la infancia y la adolescencia puede tener un efecto emocional más profundo de lo que aparenta, según el dermatólogo Andreas Weins, quien trabaja en Ulm y en el Hospital Universitario de Augsburgo. En conversación con un medio alemán, Weins destaca que muchos jóvenes experimentan una presión psicológica significativa, aun cuando las manifestaciones de la enfermedad son leves.
El especialista enfatiza que la carga social que acompaña al acné puede eclipsar la gravedad de las lesiones en la piel. “Los adolescentes con acné pueden experimentar una tensión emocional considerable, e incluso desarrollar síntomas de depresión”, advierte. Además, subraya que la incomodidad que sienten no siempre está relacionada con la cantidad de lesiones visibles, ya que, en ocasiones, unos pocos granos pueden ser suficientes para generar malestar.
La ansiedad y la presión social juegan un papel crucial en la autopercepción de quienes padecen acné. “¡No puedo ni mirarme! Me siento horrible”, expresan muchos jóvenes durante las consultas. Weins recalca que este sufrimiento a menudo pasa desapercibido tanto para familiares como para profesionales de la salud, por lo que es fundamental prestar atención a sus sentimientos. Recomienda que las familias y los médicos respondan con empatía y eviten minimizaciones como “ya se te pasará”. En cuanto a los tratamientos, el dermatólogo sugiere que el enfoque debe centrarse en una higiene adecuada, el uso de productos específicos y hábitos de vida saludables, en lugar de gastar grandes sumas en soluciones ineficaces.



