En un notable ejemplo de superación personal y compromiso social, Eduardo Enrique García, un rosarino de 75 años, ha decidido convertirse en profesor de yoga, tras haber comenzado a practicar esta disciplina en el Polideportivo de Tigre, orientado a la Tercera Edad. Su historia no solo destaca la importancia del bienestar físico en la madurez, sino que también refleja la capacidad de compartir conocimientos y experiencias con quienes se encuentran en situaciones similares. García, quien disfrutó de una exitosa carrera como ingeniero electrónico en la Armada Argentina, ha encontrado en el yoga una forma de mantener su salud y vitalidad, así como un deseo de ayudar a otros a mejorar su calidad de vida.

Desde que se retiró, García ha experimentado cambios significativos en su cuerpo y su manera de enfrentarse a la vida cotidiana. Ahora se siente capaz de jugar con su nieta de un año y medio con total libertad, algo que antes le resultaba complicado. "Soy un poco manitas", confiesa, y explica que actividades que antes eran desafiantes, como levantarse del suelo tras realizar una tarea, ahora se han vuelto sencillas gracias a su práctica constante de yoga. Esta transformación física y mental ha motivado a García a compartir sus aprendizajes con otros, especialmente con personas de su edad, a quienes busca transmitir los beneficios que esta disciplina puede ofrecer.

García sostiene con convicción que la flexibilidad y el equilibrio son cualidades que pueden recuperarse a cualquier edad, gracias a la práctica del yoga. "Definitivamente, esto mejora la flexibilidad y el equilibrio, lo que puede prevenir caídas que incapacitan a muchas personas mayores", explica. Su decisión de formarse como profesor no responde a un interés comercial, sino a un genuino deseo de ayudar a otros. Para ello, se inscribió en la Escuela de Yoga La Rueda, donde cursó un programa de dos años, centrado en la enseñanza a la Tercera Edad, lo que demuestra su compromiso con esta causa.

Durante su formación, García fue el alumno de mayor edad en su grupo, donde la mayoría de sus compañeros tenían entre 40 y 50 años. Sin embargo, su vasta experiencia y su trayectoria profesional en la Armada le han otorgado una perspectiva única que enriquece su enseñanza. "No necesito un ingreso económico, ya que me retiré con un nivel jerárquico que me permite vivir cómodamente", señala. A lo largo de su carrera, García acumuló 80.000 millas de navegación a bordo de varios buques, incluyendo el ARA La Heroína y el ARA La Argentina, dejando un legado en la institución.

Además de su nueva vocación, García ha mantenido una vida activa y saludable. Su rutina incluye clases de yoga, partidos de tenis con amigos de su misma edad, y salidas a navegar durante los fines de semana. Esta vida activa refleja su filosofía de longevidad, donde el ejercicio y la socialización juegan un papel crucial. García también ha implementado cambios en su dieta, siguiendo principios de la medicina ayurveda, lo que le ha permitido perder peso y mejorar sus parámetros de salud.

En sus 52 años de matrimonio con Adriana Vincenti, una ingeniera química convertida en martillera, ambos han encontrado en el yoga una herramienta para mantenerse activos y conectados. García espera poder compartir sus conocimientos en geriátricos, centros de jubilados o clubes dedicados a la Tercera Edad, y mientras tanto, utiliza las redes sociales para dar clases a amigos y crear contenido educativo. A través de videos en Instagram, enseña técnicas básicas, como levantarse del suelo o levantar objetos de manera segura, contribuyendo así a mejorar la calidad de vida de sus seguidores. Con su historia, Eduardo Enrique García se convierte en un ejemplo inspirador de cómo nunca es tarde para aprender, enseñar y vivir plenamente.