En Yibuti, el cierre de los colegios electorales este viernes marca el fin de un proceso electoral que ha estado bajo la sombra del boicot por parte de los partidos de oposición. Ismail Omar Guelleh, presidente desde 1999, busca afianzarse en el poder con un sexto mandato, a pesar de las acusaciones de falta de transparencia y de libertad en el proceso electoral. Este pequeño país del Cuerno de África, con una población aproximada de 1,2 millones de habitantes, había convocado a unos 256.000 votantes a participar en los comicios, los cuales se desarrollaron en más de 700 centros de votación que abrieron a las 06:00 (hora local) y cerraron a las 19:00, una hora más tarde de lo previsto para garantizar que todos los ciudadanos pudieran expresar su voluntad.

El ambiente electoral fue tenso, dado que los principales referentes de la oposición decidieron no participar en los comicios, alegando que las condiciones no eran las adecuadas para una elección justa y democrática. Guelleh, líder del partido Concentración Popular por el Progreso (RPP), que ha dominado la política yibutiana desde 1979, se enfrenta a Mohamed Farah Samatar, del Centro de Demócratas Unificados (CDU). Samatar, un exintegrante del partido gobernante, es un candidato relativamente desconocido y se encuentra en una posición desfavorable ante un presidente que ha consolidado su poder durante casi tres décadas.

Ismail Omar Guelleh, conocido por sus siglas IOG, ha sido objeto de críticas tanto a nivel nacional como internacional. Con 78 años, Guelleh es uno de los líderes más longevos del continente africano, ocupando el sexto lugar en el ranking de presidentes en ejercicio con mayor tiempo en el poder. A pesar de que su quinto mandato debería haber sido el último según una reforma constitucional de 2010 que eliminaba los límites de mandato y establecía un límite de edad de 75 años, el Parlamento de Yibuti decidió, en noviembre pasado, derogar esta restricción, permitiendo así que el mandatario se postule nuevamente.

La situación geopolítica de Yibuti, situada en un punto estratégico del Cuerno de África, ha atraído a varias potencias militares, entre ellas Francia, Estados Unidos, China, Japón e Italia, que han establecido bases en el país. En su campaña, Guelleh ha enfatizado la importancia de mantener la estabilidad en una región marcada por conflictos, lo que ha sido un argumento clave para justificar su permanencia en el poder. Sin embargo, muchos ciudadanos y analistas cuestionan si esta promesa de estabilidad realmente se traduce en beneficios concretos para la población.

El rechazo de la oposición a participar en los comicios no es un fenómeno aislado. A lo largo de los años, han habido múltiples denuncias sobre la falta de libertades políticas y de derechos humanos en el país. Las elecciones de este viernes han sido vistas más como un trámite que como un verdadero ejercicio democrático, lo que genera un ambiente de desconfianza y apatía entre los votantes. La comunidad internacional también ha estado atenta a estos acontecimientos, ya que la legitimidad del proceso electoral puede influir en las relaciones exteriores de Yibuti, particularmente con aquellos países que han invertido en su estabilidad y desarrollo.

Se espera que los resultados preliminares de estas elecciones se den a conocer durante la noche de este viernes, extendiéndose hasta la madrugada del sábado. La respuesta de la población y de la comunidad internacional ante estos resultados podría marcar el rumbo político de Yibuti en los próximos años y su capacidad para enfrentar los retos que se avecinan, tanto internos como externos. La atención ahora se centra en cómo se desarrollarán los acontecimientos tras el cierre de las urnas y qué implicaciones tendrán para el futuro del país.