Si las leyes se cumplieran y los funcionarios actuaran de acuerdo con su espíritu, el gobierno de Javier Milei podría ser recordado por tres transformaciones en la administración del país: la eliminación del déficit fiscal, el restablecimiento del orden público y el proyecto que busca modificar la misión y las funciones del Banco Central. La iniciativa, que todavía debe ser debatida y eventualmente aprobada por el Congreso, apunta a restablecer la autonomía de la autoridad monetaria.
En cambio, la política exterior del Gobierno difícilmente pueda incorporarse a esa lista, debido a su sesgo ideológico, según la evaluación planteada en el borrador. Tampoco contribuyen las formas del Presidente, que en ese análisis aparecen asociadas con una pérdida de respeto en la discusión política.
Milei presentó el proyecto el jueves por la noche y aprovechó la ocasión para cuestionar duramente a los dirigentes que, según sostuvo, impulsaron durante 91 años el “saqueo, expropiación, impunidad y decadencia” desde el Banco Central. La institución fue creada en 1935, razón por la cual el Presidente utiliza esa cifra para referirse a su historia.
Sin embargo, el planteo presidencial omitió excepciones relevantes. La reforma estatutaria de 1992, promovida por Domingo Cavallo, otorgó autonomía al Banco Central y le prohibió financiar al Gobierno federal. Esa modificación contiene la misma idea central que Milei presentó como una novedad de su administración. La referencia a los 91 años, por lo tanto, aparece como una generalización que desconoce períodos y decisiones diferentes dentro de la trayectoria de la entidad.



