El inicio de marzo de 1976 en la Capital Federal y el Conurbano bonaerense se vio marcado por un temporal que dejó serias consecuencias. El feriado del 1° de marzo encontró a los vecinos lidiando con las secuelas de un fuerte aguacero que inundó varios barrios porteños y paralizó la Ruta Panamericana durante horas. Las autoridades reportaron un fallecido y varios heridos, mientras que los medios de comunicación informaban sobre cortes de luz y telefonía que persistían tras la tormenta. Con la mayoría de la población de regreso de sus vacaciones, la atención se centraba en el inminente regreso a clases de los niños, en medio de un clima social convulso.

Las calles estaban atestadas de vehículos icónicos de la época, como el Renault 12, el Fiat 600 y los imponentes Chevy, que destacaban por sus potentes motores. A pesar de la llegada del Taunus de Ford, el Falcon seguía siendo el rey de las ventas, con más de 11.000 unidades comercializadas el año anterior. Sin embargo, entre los ciudadanos había una clara distinción en el uso de estos vehículos: algunos pertenecían a familias, otros eran elegidos por taxistas y, lo que es más inquietante, algunos eran utilizados por agentes de la represión estatal, con hombres armados al volante y matrículas que a menudo pertenecían a la Coordinación Federal.

En este contexto, María Estela Martínez de Perón se encontraba en Chapadmalal, gestionando la crisis económica con su gabinete. Tras una serie de reuniones intensas, planeaba regresar a Buenos Aires para intentar obtener el respaldo de las 62 Organizaciones que lideraba Lorenzo Miguel, un apoyo que se le había vuelto esquivo. Además, circulaban rumores sobre una posible convocatoria a una Asamblea Legislativa por parte del presidente provisional del Senado, Ítalo Lúder, en un intento por estabilizar el gobierno hasta la anticipación de las elecciones presidenciales. Mientras tanto, el gobernador bonaerense, Victorio Calabró, observaba atentamente los movimientos políticos, siendo un sindicalista de la línea más dura del peronismo, su interés en la situación era innegable, dado el clima de tensión que se vivía a nivel nacional.