Kabul, 11 de abril (Redacción Medios Digitales) - Afganistán atraviesa una crisis humanitaria sin precedentes tras las intensas lluvias e inundaciones que han dejado un saldo trágico de al menos 179 fallecidos y 238 heridos desde el 26 de marzo. Este devastador fenómeno ha sido confirmado por las autoridades de la gestión de desastres del gobierno talibán, que han proporcionado un balance escalofriante sobre la situación en el país.
El portavoz de la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres (ANDMA), Mohammad Yousuf Hamad, informó sobre la magnitud de la catástrofe, destacando que, además de los muertos y heridos, hay 9 personas desaparecidas. Las lluvias torrenciales, acompañadas de deslizamientos de tierra y derrumbes de viviendas, han provocado un impacto devastador en la población y la infraestructura del país en un corto lapso de tiempo.
A lo largo de las últimas 48 horas, se reportaron al menos 22 muertes adicionales y numerosos heridos, lo que pone de relieve la gravedad de la situación. La destrucción material es alarmante, con 1.277 viviendas completamente destruidas y más de 5.770 que han sufrido daños parciales, complicando la ya frágil seguridad habitacional de los afganistaníes.
El impacto en las comunicaciones ha sido igualmente desastroso, con 372 kilómetros de carreteras afectados, lo que interrumpe el transporte y el acceso a servicios básicos. El sector agrícola, esencial para la subsistencia de muchas familias, ha sufrido pérdidas significativas, con 18.650 jeribs (aproximadamente 3.730 hectáreas) de tierras de cultivo destruidas y más de 4.300 árboles arrasados.
La crisis no solo se limita a las pérdidas materiales, ya que se estima que alrededor de 8.987 familias han sido afectadas por estos desastres naturales. Además, se reportó la pérdida de 100 cabezas de ganado, lo que afecta aún más la economía rural y la seguridad alimentaria de la región. La situación es crítica y se agrava con la destrucción de seis kilómetros adicionales de carreteras, lo que entorpece los esfuerzos de recuperación.
Las zonas más golpeadas por este desastre natural abarcan trece provincias, incluyendo Kabul, Parwan, Panjshir, Paktia, Paktika, Ghazni, Kandahar, Balkh, Faryab, Badakhshan, Nangarhar, Laghman y Kunar. Afganistán, que ha padecido durante décadas conflictos y guerras, presenta una infraestructura altamente vulnerada y viviendas de adobe que no resisten la humedad, lo que incrementa la fragilidad ante fenómenos climáticos como el actual.
La situación se complica aún más por el aislamiento internacional del régimen talibán y la drástica reducción de la ayuda humanitaria. Este contexto dificulta las labores de reconstrucción y asistencia a las miles de familias que han perdido no solo sus hogares, sino también su sustento. Las autoridades y organizaciones humanitarias se enfrentan a un gran desafío para abordar esta crisis y brindar apoyo a quienes más lo necesitan en un entorno marcado por la precariedad y la incertidumbre.



