Este miércoles, el ex presidente argentino Eduardo Duhalde se vio envuelto en un episodio de confrontación durante la presentación de un libro que repasa su gestión como gobernador de la provincia de Buenos Aires. El evento tuvo lugar en el salón Tita Merello de la Universidad de Lanús y fue marcado por la protesta de militantes que lo responsabilizaron por los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, dos jóvenes dirigentes sociales que perdieron la vida durante una represión policial en 2002. Esta situación pone de relieve las tensiones persistentes en el ámbito político argentino, especialmente en lo que respecta a la memoria y la justicia social.

La presentación del libro “La gobernación de Eduardo Duhalde 1991-1999”, escrito por el investigador Aritz Recalde, se desarrolló en un ambiente de expectativa. Sin embargo, la atmósfera cambió drásticamente cuando una mujer del público comenzó a leer un documento que denunciaba las prácticas represivas del gobierno de Duhalde, argumentando que su administración había fomentado la persecución y el espionaje de militantes sociales. Esta intervención desató una serie de cánticos que recordaban a Kosteki y Santillán, lo que generó un choque de voces en el salón, donde otros asistentes intentaron sofocar las protestas con la entonación de la marcha peronista.

Los gritos de “asesino” resonaron en el recinto mientras la seguridad intentaba desalojar a los manifestantes. A pesar del tumulto, Duhalde mantuvo una actitud serena, observando los acontecimientos desde el escenario con una sonrisa y los puños en la pera. Este tipo de reacciones son comunes en eventos donde figuras políticas controversiales son confrontadas por su legado, lo que indica que la herida abierta por los hechos de 2002 continúa siendo un tema sensible en la memoria colectiva del país.

Los asesinatos de Kosteki y Santillán, ocurridos el 26 de junio de 2002 en Avellaneda, durante una violenta represión policial, han quedado grabados en la historia como un símbolo de la lucha por los derechos humanos en Argentina. Ambos jóvenes eran parte de un movimiento que exigía asistencia alimentaria y económica, en un contexto de crisis profunda. La forma en que estos eventos son recordados y discutidos en la actualidad refleja las divisiones que aún existen en la sociedad argentina respecto a la interpretación de su historia reciente.

Duhalde, quien ha intentado recuperar protagonismo político en el último tiempo, había aparecido en público a fines de marzo en un evento organizado en su honor por el intendente de La Plata, Julio Alak. Este encuentro, más allá de ser un reconocimiento, también se interpretó como una señal de unidad dentro del peronismo, que atraviesa un período de intensas luchas internas. La consigna “No sobra nadie” se escuchó en ese contexto, sugiriendo la necesidad de construir puentes entre los diversos sectores del partido.

La reunión de marzo reunió a figuras clave del peronismo y dejó entrever el deseo de los líderes de consolidar un frente común ante las próximas elecciones. Sin embargo, la resistencia a figuras como Duhalde, especialmente en relación con su legado en los años 2000, continúa siendo un punto de fricción. La presentación del libro en la UNLA es solo un ejemplo más de cómo los recuerdos de aquellos tiempos difíciles resurgen en la actualidad, desafiando a los actores políticos a confrontar su pasado y buscar un camino hacia la reconciliación y la justicia.