En un reciente anuncio, el ministro de Asuntos Económicos de Taiwán, Kung Ming-hsin, informó que las inspecciones de seguridad necesarias para reactivar las centrales nucleares de Kuosheng y Maanshan podrían extenderse entre uno y dos años. Estas plantas, ubicadas en Nuevo Taipéi y Pingtung respectivamente, han estado apagadas desde mayo de 2025, marcando un hito en la política energética del país que había optado por desmantelar su infraestructura nuclear tras el accidente de Fukushima en 2011. La situación actual plantea un dilema entre la sostenibilidad energética y las preocupaciones de seguridad.

Kung Ming-hsin destacó que, además del tiempo requerido para llevar a cabo las inspecciones iniciales, no es posible prever cuánto tardará la revisión final de la Comisión de Seguridad Nuclear (NSC). Este proceso es crucial para determinar no solo la viabilidad de reactivar las plantas, sino también para evaluar el estado de sus equipos, que han estado en funcionamiento por alrededor de cuarenta años. La antigüedad de estos reactores plantea interrogantes sobre qué componentes necesitan ser reemplazados y cómo esto afectará el costo total de la operación.

La situación ha cobrado relevancia en un contexto global donde la demanda de energía está en constante aumento, impulsada en parte por la expansión de la industria de la inteligencia artificial. Esto ha llevado al gobierno taiwanés a reconsiderar su postura anterior sobre la energía nuclear, que había sido una de las principales banderas del Partido Democrático Progresista (PDP) en su lucha por una "patria libre de nucleares". Sin embargo, la necesidad de fuentes de energía más limpias y eficientes se ha vuelto apremiante, lo que ha generado un debate sobre la pertinencia de reactivar las plantas nucleares.

El presidente William Lai también ha mencionado que la empresa estatal Taipower presentará un plan a la NSC a finales de este mes para facilitar la reactivación de las plantas. Este anuncio se produce en un momento en que la infraestructura energética de Taiwán está bajo presión debido a un aumento en el consumo de energía y a la necesidad de cumplir con compromisos internacionales de reducción de emisiones de carbono. La discusión sobre la energía nuclear se entrelaza con preocupaciones sobre la seguridad energética y la transición hacia fuentes de energía renovables.

El cierre del último reactor en Maanshan fue el resultado de un proceso gradual de desmantelamiento de las plantas nucleares que comenzó en 2018 y culminó en 2025. Este movimiento fue parte de un esfuerzo más amplio del gobierno para responder a las preocupaciones públicas sobre la seguridad nuclear post-Fukushima. Sin embargo, la situación actual ha hecho que muchos cuestionen si esta decisión fue prematura, especialmente ante la creciente dependencia de fuentes de energía no renovables.

A medida que Taiwán se enfrenta a estos desafíos, la discusión sobre el futuro de la energía nuclear y su papel en la matriz energética del país se vuelve cada vez más relevante. La posibilidad de reactivar las plantas nucleares podría ofrecer una solución a corto plazo, pero también plantea interrogantes sobre la dirección a largo plazo de la política energética. El equilibrio entre la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental será fundamental en las decisiones que tome el gobierno en los próximos años.