Una madre y su hija lograron una importante sentencia judicial tras presentar una demanda por incumplimiento de contrato en la organización de una fiesta de quince años, la cual terminó en desmayos y caos. El Juzgado en lo Civil y Comercial n.º 9 de San Martín falló a favor de las demandantes, estableciendo que los responsables del salón de eventos deberán pagar una indemnización de 1.400.000 pesos más intereses. Esta decisión se basa en el daño moral que las jóvenes sufrieron debido a las múltiples fallas que marcaron la celebración, que se había esperado con gran entusiasmo.

El conflicto se inició en febrero de 2019, cuando la madre contrató un servicio integral para la fiesta de su hija, programada para el 16 de noviembre del mismo año en un salón ubicado en Villa Ballester. A la celebración asistieron alrededor de ochenta invitados, quienes pronto se verían afectados por una serie de problemas logísticos que empañaron lo que debería haber sido un momento de alegría y celebración.

La demanda, presentada en febrero de 2024, exigía inicialmente una compensación de 40 millones de pesos por daños y perjuicios. Según la denuncia, la fiesta se vio comprometida por cortes de energía eléctrica, la falta de un generador de respaldo y serias deficiencias en la ventilación del lugar. Testigos del evento informaron que varias personas se descompusieron debido a las condiciones del salón, lo que llevó incluso a requerir la presencia de una ambulancia en la escena. Además, se constató la falta de la comida prometida, tanto del plato principal como de los postres, y se denunciaron condiciones higiénicas inaceptables en los baños.

La resolución del tribunal destacó que los cortes de luz fueron reiterados, lo que impidió la correcta celebración de la fiesta. En su fallo, el juez subrayó que las demandadas no contaron con grupos electrógenos, no sirvieron los alimentos acordados y omitieron varias actividades programadas, como el tradicional carnaval carioca, lo que generó un daño material considerable, dado que se había adquirido cotillón específico para esa parte de la celebración. Además, las condiciones de los baños fueron descritas como deplorables, carentes de luz y mantenimiento, lo que agravó la experiencia de los asistentes.

La joven afectada compartió su experiencia durante el juicio, describiendo la noche de su fiesta como “el peor día de su vida”, evidenciando el impacto emocional que tuvo sobre ella y su familia el fracaso de lo que debería haber sido una celebración significativa. Este testimonio se incluyó en la sentencia, demostrando la frustración y decepción que vivió, contrastando con las expectativas que había depositado en el evento, que había sido planificado con tanta anticipación.

Por su parte, los organizadores del evento intentaron defender su posición, negando las acusaciones y afirmando que la fiesta se desarrolló sin problemas. Presentaron fotografías y testimonios de empleados y asistentes que describieron una celebración exitosa, que incluso se extendió una hora más de lo previsto. Además, argumentaron que contaban con la habilitación municipal correspondiente y que cumplían con todos los requisitos necesarios para operar.

La controversia se centró en la veracidad de los cortes de energía y en la calidad de los servicios ofrecidos durante la celebración. A pesar de los intentos de defensa de los organizadores, la sentencia concluyó que la prueba presentada por las demandantes fue convincente, lo que llevó a la decisión del tribunal de fallar a su favor. Este caso no solo resalta la importancia de cumplir con los contratos en la organización de eventos, sino que también pone de manifiesto el impacto que pueden tener estas situaciones en la vida emocional de quienes las padecen.