La salida de Georgieva habilita, según esta mirada, el regreso de las voces políticas que durante su visita quedaron fuera de escena. Lilia Lemoine, Victoria Villarruel y Javier Milei aparecen como parte de un elenco que debió mantener un perfil bajo para evitar cualquier ruido mientras se desarrollaban las actividades vinculadas con la visitante. La comparación elegida es la de un equipo que guarda en un container a quienes podrían generar problemas antes de un partido decisivo.

El argumento extiende esa lógica al vínculo con los organismos de control. La llegada del FMI es presentada como una inspección de la AFIP: quienes están en blanco deben permanecer visibles, ordenados y sonrientes frente a sus computadoras, mientras que quienes trabajan en negro buscan refugio en el bar de la esquina para evitar que se encuentre el listado de empleados. En esa escena, quien aparece en un lugar inconveniente debería explicar que fue a mover un piano o, en su defecto, que está allí para hablar de dolarización.

La visita de Georgieva también es comparada con la llegada inesperada de una tía a la que la política argentina le debe dinero. El texto sostiene que la funcionaria recibió la promesa de manejar sus propios horarios y obtener ingresos en dólares, dentro de una suerte de esquema piramidal político, y que se retiró conforme, aunque deja abierta la posibilidad de que no haya entendido del todo el escenario o de que haya sido confundida por el exceso de explicaciones. En ese contexto, Caputo la recibió en la puerta del Ministerio de Economía con la expresión reservada para abrazar a una tía que tiene la casa en…