En el marco de la intensa contienda electoral que se vive en Perú, el candidato de izquierda Roberto Sánchez ha hecho declaraciones contundentes, afirmando que su rival Keiko Fujimori ha ejercido un control efectivo sobre el país durante los últimos diez años. Esta acusación, que enmarca un contexto de desconfianza hacia las instituciones, se produce mientras ambos candidatos se preparan para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Sánchez, representante del partido Juntos por el Perú, sostiene que la influencia de Fujimori se extiende a través del Congreso y otros organismos estatales, lo que le ha permitido consolidar un estilo de gobernanza que él considera autoritario.

Durante una conferencia de prensa en Lima, el candidato expuso sus preocupaciones sobre el estilo de liderazgo de Fujimori, sugiriendo que su legado familiar, ligado al expresidente Alberto Fujimori, ha moldeado su enfoque político. "La señora Keiko Fujimori gobierna hoy, hace diez años que ha tomado todas las instituciones, esa es la verdad inobjetable", afirmó Sánchez, enfatizando que su visión de la política no es compatible con el desarrollo democrático y el respeto a los derechos humanos. Este tipo de afirmaciones no solo reflejan la polarización del electorado peruano, sino también el clima de tensión que se ha instalado en el país durante años, marcado por crisis políticas y la falta de confianza en los líderes.

Sánchez también aludió a la violencia política y la represión que ha afectado a diversas voces críticas en el país, incluyendo jueces, fiscales, periodistas y dirigentes sociales. En su análisis, destacó que el sistema político peruano ha estado caracterizado por la inestabilidad, lo que ha llevado a un ciclo de destituciones presidenciales, con hasta ocho presidentes en diez años. Esta situación ha generado un ambiente en el que los ciudadanos sienten que la democracia se encuentra amenazada, y que las elecciones son en sí mismas un reflejo de esta crisis de confianza y legitimidad.

A pesar de las dificultades que enfrenta su campaña, Sánchez se muestra decidido a continuar su lucha. Se refirió a la "asimetría" de la campaña, donde considera que su partido ha enfrentado obstáculos significativos en comparación con la estructura de poder que representa Fujimori. No obstante, reafirmó su compromiso de defender sus derechos y los de sus seguidores, resaltando la importancia de mantener una voz activa en el sistema político peruano.

El candidato también hizo hincapié en la composición de su bancada parlamentaria, que incluye a 14 senadores y 32 diputados, lo que le otorga una plataforma desde la cual continuar su labor política, independientemente del resultado de la elección presidencial. En esta línea, Sánchez expresó que su partido está preparado para enfrentar cualquier eventualidad en un posible gobierno de Fujimori, incluyendo la necesidad de ofrecer respuestas tanto políticas como sociales.

A medida que se acerca la segunda vuelta, los resultados preliminares indican una ajustada contienda: con el 99,64% de los votos escrutados, Fujimori se posiciona con el 50,11% frente al 49,88% de Sánchez, marcando una diferencia de apenas 41.633 votos. Sin embargo, el candidato izquierdista ha planteado la posibilidad de solicitar la anulación de los votos emitidos por peruanos en el extranjero, argumentando que hubo irregularidades en el proceso de escrutinio que podrían haber afectado la legitimidad de la votación.