El 23 de febrero de 1981, a las 18:22, el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, irrumpió en el Congreso de los Diputados de España, ubicado en el corazón de Madrid. Acompañado por cerca de 200 efectivos armados, Tejero ingresó al recinto durante una sesión crucial que buscaba investir a Leopoldo Calvo Sotelo, de la Unión de Centro Democrático (UCD), como nuevo presidente del Gobierno. Con una pistola en mano, inició un asalto que marcaría un hito en la historia reciente del país.
Mientras efectuaba disparos al techo, Tejero lanzó dos frases que quedarían grabadas en la memoria colectiva: “¡Quieto todo el mundo!” y “¡Se sienten, coño!”. Ante el caos y el temor, la mayoría de los diputados se arrojó al suelo en busca de protección. Sin embargo, tres figuras clave se mantuvieron en sus asientos: el entonces presidente Adolfo Suárez, el vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, líder del Partido Comunista de España, mostrando una firmeza notable en medio de la crisis.
El asedio al Congreso se extendió por 18 horas, durante las cuales el capitán Jesús Muñecas comunicó a los rehenes que esperaban la llegada de la “autoridad competente, militar por supuesto”. El contexto del golpe involucró a personajes influyentes como el rey Juan Carlos I, quien, años después, al ser consultado sobre los detalles nunca revelados, afirmó: “Ya se sabe todo y lo que no se sabe se lo inventan”. El juicio posterior dejó muchas incógnitas, principalmente por la falta de documentación que esclareciera los motivos del asalto, lo que llevó al historiador Roberto Muñoz Bolaños a estudiar minuciosamente el caso durante más de dos décadas.



