De manera complementaria, la Sala Galileo Galilei definio su panorama y Galileo Galilei de Madrid registró este miércoles un lleno absoluto con miras a acoger el coloquio ‘Disputar.
Delgado planteó que la izquierda se está quedando “corta” en su respuesta y que el reto pasa por ampliar su base social y recuperar la conexión con sectores que se han distanciado. En un tono autocrítico, reconoció que muchos jóvenes ya no ven a las organizaciones progresistas como su espacio natural y subrayó la necesidad de “adecentar” la izquierda para hacerla más permeable y útil.
Al analizar la cuestion, “¿Qué sentido tiene que 14 izquierdas que pensamos lo mismo nos presentemos en el mismo sitio compitiendo por migajas?”, preguntó ante el auditorio. Como parte de este proceso, la frase, repetida en distintos momentos, condensó su diagnóstico. Al analizar la cuestion, para Rufián, la respuesta pasa por acordar en cada provincia qué candidatura tiene más posibilidades reales de obtener escaño y concentrar ahí el apoyo del resto de fuerzas afines. Vale mencionar que “Provincia a provincia, escaño a escaño”, insistió.
El portavoz de ERC subrayó que no está planteando la disolución de partidos ni la creación de una única marca estatal, sino un ejercicio de “generosidad inédita” que permita maximizar representación. En este marco, “La crucial no es el quién, sino quién va a poseer la capacidad de renunciar”, sostuvo, consciente de que esa apelación interpela directamente a las direcciones de los partidos.
En ese contexto, insistió en que la ultraderecha no se frena con “discursos de puta madre”, sino con eficacia y pragmatismo. “Es momento de método y orden, no de ver quién es más puro”, añadió, en una crítica implícita a las dinámicas identitarias que, a su juicio, han dificultado acuerdos en el pasado. Cabe recordar que “La unidad son lentejas… nunca optimo dicho sumar, o no”, ironizó, en alusión al espacio político a la izquierda del PSOE liderado por Yolanda Díaz.
Rufián defendió que esa coordinación debería apoyarse en un programa común asentado en varios ejes compartidos —antifascismo, derecho de autodeterminación y dignificación de las condiciones de vida— y complementarse con un mecanismo estable de coordinación parlamentaria en el Congreso. Frente a esta situacion, lo resumió con una fórmula que repitió varias veces: “cada uno en su casa y todo lo demás entre todos”.
El dirigente republicano alertó de las consecuencias que tendría un Gobierno de derechas con presencia determinante de Vox y mencionó explícitamente la posibilidad de que su líder, Santiago Abascal, pudiera ocupar el Ministerio del Interior. En este marco, “No tengo ni putas ganas de Abascal de ministro del Interior”, afirmó, antes de apuntar a un horizonte de ilegalizaciones y endurecimiento institucional.
Frente a esta situacion, emilio Delgado compartió la preocupación por el avance de la ultraderecha, pero introdujo un matiz en el enfoque. Como parte de este proceso, a su juicio, el debate no puede limitarse a la fórmula electoral. En este marco, “A la ultraderecha no se le para solo con una coalición de partidos”, advirtió. Resulta pertinente destacar que el dirigente de Más Madrid defendió la necesidad de construir un “bloque histórico” en términos políticos y culturales, capaz de disputar también el sentido común en la sociedad.
Al analizar la cuestion, rufián tomó la palabra con un mensaje directo: la izquierda alternativa debe abandonar la lógica de la competición interna y asumir una estrategia de eficacia electoral. En medio de este escenario, “No quiero ilusionar, quiero ganar”, afirmó. Bajo estas circunstancias, a su juicio, el sistema electoral español, basado en circunscripciones provinciales, penaliza la fragmentación y convierte en irrelevantes miles de votos cuando se reparten entre varias candidaturas con programas similares.
Al analizar la cuestion, rufián sostuvo también que un bloque progresista más fuerte puede condicionar al PSOE y empujarlo hacia posiciones más ambiciosas. “Si somos más a su izquierda, podemos acarrear a cabo un PSOE optimo”, vino a señalar, apuntando así a la doble dimensión de su hoja de ruta: evitar un Ejecutivo de derechas y reequilibrar la correlación de fuerzas dentro del bloque progresista.
El intercambio dejó así dos planos complementarios: la urgencia aritmética que subraya Rufián, centrada en evitar que la fragmentación regale escaños a la derecha, y la reconstrucción política y cultural que reivindica Delgado como circunstancia para cualquier éxito duradero. El controversia, seguido en empresa de atención por dirigentes de distintas formaciones, reflejó la tensión estratégica que atraviesa al espacio progresista en vísperas de un novedoso ciclo electoral, en el seno de la presión de los números y la necesidad de redefinir emprendimiento.



