El Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP), más conocido como PAMI, ha destapado una compleja red de fraudes relacionados con las prestaciones oftalmológicas y ópticas en diversas provincias del país. A través de una reciente auditoría interna, se han identificado patrones alarmantes de sobrefacturación, cobros indebidos y la existencia de prestaciones fantasma, que han generado un perjuicio millonario tanto a la institución como a sus afiliados. Esta situación no solo pone en evidencia la vulnerabilidad del sistema de salud pública, sino que también plantea serias interrogantes sobre la ética profesional de ciertos prestadores de servicios.
La auditoría reveló que los desvíos detectados no son casos aislados, sino que se repiten en distintos puntos del territorio argentino. Provincias como Santiago del Estero, Buenos Aires, Entre Ríos y La Rioja han sido escenario de estas irregularidades, donde se han registrado cientos de casos por prestador. Además, se ha observado una concentración inusitada de recetas en determinados médicos que superan notablemente el promedio nacional, lo que sugiere la existencia de una organización sistemática detrás de estos actos fraudulentos.
Entre las modalidades de fraude más comunes, se destaca la sobrefacturación de anteojos. Los prestadores, en muchos casos, recetaban lentes de baja graduación y facturaban, en cambio, módulos de alta graduación, generando una diferencia abismal en los costos. Mientras que el costo real de un módulo es de $4.941, los prestadores llegaban a facturar hasta $27.204, lo que implica un claro abuso del sistema. Esto no solo afecta a PAMI, que termina pagando más de lo que corresponde, sino que también perjudica a los afiliados, quienes reciben productos de menor calidad a cambio de un costo mayor.
Otro patrón detectado es el de las prestaciones fantasma. Muchas de las consultas y estudios que se facturaban no contaban con la debida justificación clínica, lo que significa que los afiliados eran cobrados por servicios que nunca recibieron. En algunos casos, hasta el 50% de las órdenes no contaba con el respaldo necesario, lo que plantea serias dudas sobre la transparencia y la honestidad de ciertos profesionales de la salud. Además, se evidenció una manipulación intencionada en la facturación, donde se facturaban primeras consultas como si fueran consultas de seguimiento, logrando así inflar los costos ante PAMI.
La auditoría también puso de manifiesto la existencia de conflictos de interés, donde médicos derivaban pacientes a ópticas con las que tenían vínculos familiares directos. Este tipo de prácticas no solo es éticamente cuestionable, sino que también genera desconfianza en el sistema de salud, ya que los afiliados pueden verse obligados a acudir a prestadores que no necesariamente ofrecen el mejor servicio o la mejor relación calidad-precio.
Un aspecto particularmente preocupante es el cobro indebido por parte de algunos prestadores. Se han reportado casos en los que se ofrecían lentes de calidad inferior a precios que superaban los del mercado, mientras que los afiliados pagaban cifras elevadas por prestaciones que, en teoría, debían ser gratuitas. En este sentido, se han documentado casos donde se llegó a cobrar hasta USD 1.500 más $353.500 por lentes que deberían estar cubiertos por el sistema, evidenciando una clara falta de regulación y control.
Los auditores han presentado documentación específica sobre al menos tres casos destacados, siendo uno de ellos el relacionado con una óptica en Santiago del Estero, donde se confirmaron 606 casos de sobrefacturación, lo que representa un perjuicio de $10,4 millones en la muestra auditada. Este tipo de irregularidades no solo daña la imagen de PAMI, sino que también afecta directamente a los afiliados, quienes se convierten en víctimas de un sistema que debería protegerlos y garantizarles acceso a servicios de salud de calidad. La situación demanda una revisión exhaustiva y medidas urgentes para restaurar la confianza en el sistema.



