El reciente ataque que resultó en la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamení, fue el resultado de un coordinado intercambio de información entre Estados Unidos e Israel. Fuentes cercanas a la operación han revelado que la CIA realizó un seguimiento exhaustivo de Jamení durante varios meses, logrando identificar sus ubicaciones y patrones de movimiento con precisión.
La inteligencia estadounidense permitió detectar que el sábado por la mañana tendría lugar una reunión clave de altos funcionarios iraníes en un complejo gubernamental en el centro de Teherán. Lo crucial de este hallazgo fue que Jamení asistiría al encuentro, lo que llevó a ambos países a ajustar la hora de su ataque para aprovechar esta valiosa información.
La rapidez con la que se llevó a cabo la operación refleja no solo la estrecha colaboración entre Washington y Jerusalén, sino también su conocimiento profundo sobre los líderes iraníes, especialmente tras los acontecimientos de la guerra de 12 días del año anterior. La falta de precauciones por parte de los dirigentes iraníes para protegerse ante una posible ofensiva se ha puesto de manifiesto, permitiendo a Israel ejecutar un plan que había sido elaborado durante meses, con el respaldo de la inteligencia estadounidense.



