En Francia, la ola de calor desatada la semana pasada ha dejado un saldo trágico de 55 personas ahogadas, según lo informado por la ministra de Deportes, Marina Ferrari. Esta cifra corresponde a un informe actualizado hasta el jueves, y la funcionaria expresó su preocupación por un posible aumento en el número de víctimas. La ola de calor, que ha comenzado a ceder en la fachada atlántica del país, continúa afectando el interior y el este, lo que podría agravar la situación en los próximos días, justo antes del fin de semana.

Ferrari destacó que el 65% de los ahogamientos se produjeron en zonas no vigiladas o donde el baño no estaba autorizado, lo que pone de manifiesto la necesidad de una mayor concienciación sobre la seguridad en aguas abiertas. Durante el verano pasado, desde el 1 de junio hasta el 30 de septiembre, se registraron en el país 1.418 casos de ahogamiento, de los cuales 409 resultaron fatales, lo que representa un alarmante incremento del 14% en los incidentes y del 16% en las muertes en comparación con el año anterior. Estos datos reflejan la urgencia de implementar medidas de prevención y educación sobre los riesgos asociados con el baño en condiciones adversas.

El primer ministro, Sébastien Lecornu, se pronunció sobre la situación actual, afirmando que, hasta el momento, los hospitales y residencias de ancianos están bajo control. Sin embargo, hizo hincapié en la importancia de prestar atención a las personas más vulnerables, especialmente aquellas que viven solas. Lecornu también mencionó la activación de un plan de movilización de los hospitales para hacer frente a la creciente demanda de atención médica debido a la ola de calor.

El primer ministro hizo un llamado a la responsabilidad colectiva, advirtiendo que muchas personas siguen realizando actividades físicas pese a las altas temperaturas, lo que no solo pone en riesgo su salud, sino que también incrementa la carga de trabajo en los servicios de urgencia. Recordó que la ola de calor podría atenuarse, pero los efectos en los hospitales no se verán reflejados de inmediato. Por ello, instó a la población a seguir las recomendaciones emitidas por las autoridades locales y a permanecer atentos a las alertas de salud.

La ola de calor ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de los hospitales y centros de salud, lo que ha llevado al prefecto de policía de París a implementar restricciones en el consumo de alcohol en la vía pública. A partir del mediodía del jueves, se prohibió beber alcohol en la calle entre las 12 y las 7 de la mañana del día siguiente durante dos días consecutivos, así como la venta de bebidas alcohólicas para llevar a partir de las 18 horas. Esta medida busca reducir la incidencia de incidentes que requieran la intervención de servicios de emergencia, que están al borde de la saturación.

Además, el prefecto de policía debe decidir sobre la realización de la Marcha del Orgullo, un evento que reúne a miles de personas y que está programado para el sábado, día en que se espera que las temperaturas superen los 35 grados. También se evaluará la continuidad del festival musical Solidays, que atrae a un gran número de asistentes, en un contexto donde las condiciones climáticas plantean serios riesgos para la salud pública.