Durante los actos por el 47° aniversario de la Revolución Sandinista, celebrados en Managua, Daniel Ortega afirmó que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”. El presidente sostuvo que la medida busca impedir que sus opositores “atrapen el poder” y advirtió: “Se acabó la historia de que los partidos puestos por los ‘yanquis’, puestos por los ‘somocistas’, vuelvan a llegar al Gobierno. Jamás, jamás, jamás”.
La declaración implica la cancelación de facto de los próximos comicios nicaragüenses, previstos para noviembre de 2027. El anuncio contrasta con el origen del movimiento revolucionario, que surgió con el objetivo de derrocar la dictadura de Anastasio Somoza bajo las banderas de la libertad y la justicia social.
En 2025, el Congreso controlado por Ortega aprobó una reforma constitucional que modificó en profundidad la estructura del Estado. Entre otros cambios, extendió de cinco a seis años el período presidencial, creó la figura de la copresidenta y amplió las facultades del Poder Ejecutivo para controlar a los demás órganos estatales.
Ortega, de 80 años, gobierna Nicaragua desde 2007 y enfrenta señalamientos constantes de organismos internacionales y sectores opositores por denuncias de fraude electoral. Desde 2017 comparte el poder con su esposa, Rosario Murillo, quien primero ocupó la vicepresidencia y, desde febrero de 2025, ejerce como copresidenta a partir de la reforma constitucional. El matrimonio presidencial gobierna con un fuerte control sobre la sociedad nicaragüense. Tras las protestas de 2018, cientos



