Las negociaciones en torno al salario mínimo docente han alcanzado un nuevo punto muerto, lo que ha llevado a los sindicatos a considerar una escalada en las medidas de protesta. En la reunión paritaria nacional que se llevó a cabo este jueves, el Gobierno presentó una propuesta de elevar el salario mínimo del sector a 650 mil pesos en marzo, con un nuevo ofrecimiento de 700 mil pesos para abril. Sin embargo, esta oferta fue rápidamente descalificada por las organizaciones sindicales, que la consideran insuficiente y alejada de la realidad económica que enfrentan los educadores en el país.

Durante el encuentro, que tuvo lugar en la Secretaría de Trabajo de la Nación, la Unión Docentes Argentinos (UDA), liderada por Sergio Romero, fue la primera en manifestar su rechazo a la propuesta. Según Romero, el piso salarial necesario para que los docentes superen el umbral de pobreza se sitúa en aproximadamente 1.300.000 pesos, lo que pone de manifiesto la brecha entre lo ofrecido y las necesidades reales de los trabajadores de la educación. "No vamos a aceptar ningún salario que esté por debajo de la línea de pobreza", subrayó el dirigente, marcando así la firme postura de los sindicatos ante la situación.

La paritaria nacional docente, coordinada por el secretario de Educación, Carlos Torrendell, y la subsecretaria de Trabajo, Claudia Testa, contó con la participación de diversas organizaciones sindicales, tanto de manera presencial como virtual. Entre los participantes se destacó la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), presidida por Sonia Alesso, quien también rechazó la oferta del Gobierno. CTERA subrayó que la propuesta fue unánimemente rechazada por todos los sindicatos presentes, quienes consideran que no se ajusta a las necesidades actuales de los educadores.

Además de la cuestión salarial, CTERA planteó la urgencia de establecer un salario que se alinee con la canasta familiar y reclamó por la restitución del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID). También se exigió el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Educativo, así como un incremento de las partidas destinadas a comedores escolares y otros recursos vitales para la infraestructura educativa. La situación se torna crítica, ya que los sindicatos advierten que la paritaria ha estado prácticamente paralizada durante casi un año, en medio de un escenario de deterioro salarial y desfinanciamiento de la educación pública.

Las tensiones vienen en aumento desde la reunión anterior, donde el Gobierno había elevado su oferta inicial de 500 mil pesos a 650 mil, pero aún así fue insuficiente para los sindicatos, que ya habían amenazado con reanudar su plan de lucha si no se lograba una verdadera recomposición salarial. Con el fracaso de la última reunión, se intensifican las especulaciones sobre una posible convocatoria a nuevas medidas de fuerza, que podrían impactar en la normalidad de las clases en todo el país.

El pasado 2 de marzo, los sindicatos ya habían llevado a cabo un paro que, aunque tuvo un acatamiento dispar, logró alterar el inicio del ciclo lectivo en 16 provincias. Este tipo de protestas demuestra la frustración acumulada de los educadores, quienes se sienten desatendidos por un sistema que, según ellos, no responde a sus necesidades básicas. La falta de avances en las negociaciones podría llevar a un aumento en la intensidad de las movilizaciones, en un contexto donde la educación pública ya enfrenta serios desafíos de financiamiento y calidad.