En Zimbabue, miles de mujeres han alzado su voz para exigir justicia, disculpas e indemnizaciones por la masacre de Gukurahundi, que tuvo lugar entre 1982 y 1987 y dejó un saldo trágico de aproximadamente 20.000 víctimas. Esta atrocidad, perpetrada por las fuerzas armadas, apunta a la minoría ndebele, históricamente acusada de simpatizar con la oposición política. Hasta la fecha, unas 25.000 personas han participado en audiencias que buscan esclarecer estos crímenes, las cuales se iniciaron en junio de 2025 en las regiones de Matebeleland Norte, Matebeleland Sur y Midlands, bajo la supervisión de 72 jefes tradicionales.
La fiscal general de Zimbabue, Virginia Mabiza, informó que alrededor de 15.000 de los testimonios recogidos pertenecen a mujeres, quienes representan el 60,72% de las declaraciones. Este fenómeno destaca el papel crucial de las mujeres en el proceso de búsqueda de justicia y reconocimiento. Las supervivientes de las matanzas han manifestado que el Programa de Extensión Comunitaria de Gukurahundi podría ser clave para sanar las heridas emocionales que llevan arrastrando durante años, a la vez que exigen que se tomen medidas concretas para reparar el daño sufrido.
Ellen Bhebhe, una de las sobrevivientes, expresó su alivio tras haber testificado, afirmando que este programa es fundamental para liberar el peso emocional que ha cargado desde su infancia. Por su parte, Edith Moyo también demandó justicia y reconocimiento, recordando que aquellos que la agredieron en su niñez podrían estar vivos y deben rendir cuentas. Las autoridades locales, como Matshane Khumalo, esperan reanudar las audiencias, mientras que el vicepresidente del Consejo de Jefes Tradicionales, Fortune Charumbira, destacó la participación masiva y sin miedo de las mujeres en este proceso de sanación y justicia.



