La situación económica del país se presenta como un escenario complejo para las empresas, donde el crecimiento que se observa no se traduce en un aumento del consumo masivo. En medio de una inflación que no cede, la mora en los créditos se convierte en un tema crítico en la agenda empresarial. A esta problemática se suma el alarmante dato de que aproximadamente un tercio de los teléfonos móviles que se utilizan en el país son importados de manera ilegal, lo que acentúa la inquietud ante el avance del contrabando de productos.

El crédito destinado a la adquisición de bienes durables, que había sido un pilar fundamental para sostener las ventas durante el año 2024, comienza a mostrar signos de agotamiento. Los sectores que se habían apoyado en financiamiento, como electrodomésticos y tecnología, son los más afectados por esta situación. La caída en la confianza del consumidor y el aumento de las tasas de interés están generando un impacto negativo en la capacidad de pago de los argentinos, lo que se traduce en un aumento preocupante de la morosidad en los créditos.

Este fenómeno ha llevado a que la tasa de morosidad en la cartera de préstamos a familias supere el 10% en enero, un número que resulta casi tres veces mayor al promedio de la región. Este dato enciende las alarmas en el ecosistema comercial y pone de manifiesto la vulnerabilidad de las familias que dependen del crédito para poder acceder a bienes esenciales. En el sector de los electrodomésticos, la situación es crítica, con niveles de morosidad que rondan entre el 30% y el 40%. Estas cifras reflejan la dificultad de los consumidores para cumplir con sus obligaciones en un contexto recesivo.

Entre las razones que explican esta creciente morosidad se encuentran las elevadas tasas de interés y el creciente peso de las cuotas en los ingresos de los hogares. Según informes de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, en el último año, más de dos millones de créditos han caído en situación de atraso. De ellos, un millón corresponde a entidades no financieras, como fintech y tarjetas de consumo, mientras que 450 mil son préstamos otorgados por bancos. La situación es alarmante, ya que se estima que el 25% de los préstamos tienen algún tipo de irregularidad en sus pagos.

Las proyecciones para el futuro no son alentadoras. Según los economistas, entre 2024 y 2025 el consumo se redujo menos que el salario real y el empleo, lo que sugiere que el crédito ha sido un salvavidas momentáneo para muchos. Sin embargo, para 2026 se anticipa un aumento en la morosidad y un posible deterioro de la demanda, lo que podría agravar aún más la situación del consumo. Este escenario plantea serias dudas sobre la capacidad de recuperación de la economía argentina en el corto plazo.

En respuesta a esta crisis, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha decidido aplicar una reducción en los encajes bancarios, disminuyendo en cinco puntos los requisitos sobre los depósitos a la vista, lo que representa una baja significativa. Este cambio podría incrementar el crédito al sector privado en un 6%, aunque queda la interrogante sobre si estos fondos se destinarán a nuevos préstamos o a la compra de bonos atados a la inflación, considerando la aceleración de este fenómeno en los próximos meses.

En paralelo, el Banco Nación ha lanzado una nueva promoción para financiar la compra de equipamiento del hogar en cuotas sin interés, buscando estimular el consumo ante una caída evidente. Sin embargo, los empresarios del sector advierten que la situación es crítica y que, sin una reducción efectiva de las tasas de interés, el consumo podría seguir estancado. La incertidumbre persiste, y las empresas están buscando alternativas de diálogo con referentes políticos para abordar estos desafíos y encontrar soluciones efectivas a la crisis que enfrentan.