En la mañana del miércoles, Javier Milei, presidente de la Nación, recibió la confirmación de una noticia que circulaba desde hacía tiempo en el ámbito empresarial: el cierre de Fate, una emblemática empresa del sector neumático. Esta situación se produce en un momento delicado, justo antes de que se discutiera la reforma laboral en la Cámara de Diputados, y en medio de un contexto marcado por un inminente paro nacional convocado por la CGT.
La reacción del Gobierno no se hizo esperar. Desde la Casa Rosada, se emitió un breve comunicado que buscaba enmarcar el cierre de Fate como un resultado de años de conflicto gremial, destacando la responsabilidad del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) y las restricciones cambiarias que han impactado negativamente en la economía. “Lamentamos que la empresa haya llegado a esta situación crítica, pero es esencial que el Gobierno fomente la competitividad de las empresas para el bienestar de todos los argentinos”, indicaron desde la administración.
A medida que avanzaba la jornada, la discusión tomó un giro inesperado. Al ser consultado sobre el cierre de Fate, Milei lo calificó como una “casualidad cero”, mientras que arremetía contra Javier Madanes Quintanilla, presidente de Fate y Aluar, acusándolo de corrupción y golpismo. Este enfrentamiento con figuras del sector industrial, que incluye a otros líderes empresariales, parece ser parte de una estrategia del Gobierno para desviar la atención de la crisis laboral y la reforma que enfrenta resistencias. En una reunión previa, se acordó la posibilidad de implementar una conciliación obligatoria para retrasar el cierre de la empresa y así extender el pago de indemnizaciones a los 920 trabajadores afectados, lo que podría complicar aún más la situación.



