Praga se convirtió en el epicentro de una gran movilización el pasado sábado, donde más de 150.000 ciudadanos salieron a las calles para expresar su desacuerdo con el nuevo gobierno checo. Este Ejecutivo, que reúne a populistas, ultranacionalistas y críticos de la Unión Europea, ha sido objeto de amplias críticas por su decisión de retirar el apoyo militar a Ucrania, así como por lo que muchos consideran un retroceso en las libertades civiles. En un contexto donde el temor a un deslizamiento hacia modelos autoritarios como los de Hungría y Eslovaquia está presente, la manifestación tuvo un claro mensaje de defensa de la democracia y los derechos fundamentales.

La movilización fue organizada por un grupo conocido como 'Un millón de momentos para la democracia', cuyo presidente, Mikulas Minar, destacó en su discurso la urgencia de oponerse a las tendencias políticas que podrían llevar al país a un camino indeseado. Minar enfatizó que la multitud reunida en el centro de Praga no está dispuesta a aceptar un futuro que se asemeje a las experiencias de Eslovaquia y Hungría, donde los derechos civiles han sido restringidos. La manifestación se enmarca en un clima de creciente preocupación por la erosión democrática en varios países de Europa del Este.

Uno de los puntos centrales de la protesta fue la crítica a un proyecto de ley que afecta a las organizaciones no gubernamentales. Este proyecto, que algunos consideran inspirado en prácticas rusas, podría limitar la capacidad de la sociedad civil y estigmatizar la cooperación internacional. Los manifestantes denunciaron que la ley otorgaría al Estado poderes amplios para controlar a estas instituciones sin las garantías judiciales necesarias, un aspecto que fue calificado como un ataque directo a la democracia.

Mariana Novotna, vicepresidenta de 'Un millón de momentos', se dirigió a los presentes desde el podio en el parque de Letná, donde acusó al gobierno de intentar aplicar legislación que busca 'hacer bullying' a las ONG y a todas las entidades que reciben financiamiento del extranjero. En su intervención, Novotna hizo un llamado a la unidad y a la resistencia frente a lo que considera un avance de políticas antidemocráticas. El temor a que Chequia siga el camino de sus vecinos se hizo palpable en sus palabras, reflejando la angustia de muchos ciudadanos ante un futuro incierto.

La ley en cuestión ha sido vista como un paso hacia la instauración de un régimen que podría alinearse con las tendencias autoritarias que han surgido en otros países de la región. En este sentido, los organizadores de la protesta no dudaron en recordar que, en Hungría, un intento similar de controlar a las ONG fue declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en 2020, un fallo que subrayó la importancia de la libre circulación de capitales y de los derechos fundamentales. Este antecedente sirve como un referente clave en el debate sobre la protección de las libertades civiles dentro de la UE.

Por su parte, en Eslovaquia, una legislación con características similares fue suspendida por el Tribunal Constitucional a finales de 2025, lo que demuestra que el camino hacia la restricción de libertades no es un destino inevitable. En este contexto, los manifestantes en Praga mostraron pancartas que también aludían a las investigaciones penales que enfrenta el primer ministro, Andrej Babis, por presuntos abusos de fondos comunitarios. Esta situación de corrupción, que permanece estancada debido a la inmunidad parlamentaria del político, añade un nivel extra de desconfianza hacia el actual gobierno.

La convocatoria de la manifestación fue bajo el lema 'No dejemos que nos roben el futuro', reflejando una clara agenda de defensa de los valores democráticos y de alerta ante el peligro de un deslizamiento autoritario. Los ciudadanos que se congregaron en la capital checa no solo exigieron cambios en la política actual, sino que también demandaron un compromiso firme con la democracia, la transparencia y el respeto a los derechos humanos. En un momento donde las democracias se ven desafiadas en todo el mundo, Praga se alza como un ejemplo de resistencia y esperanza por un futuro mejor.