La Ciudad de México fue escenario, el pasado sábado, de la ‘XLVIII Marcha del Orgullo LGBTTTIQAP+’, un evento que reunió a miles de personas en una manifestación vibrante que buscó aprovechar la atención generada por el Mundial de Fútbol. Bajo el lema ‘Ante los ojos del mundo: mi lucha es tu lucha’, los asistentes marcharon desde el emblemático Ángel de la Independencia, portando banderas que simbolizan la diversidad y la paz, junto a otras que representan causas como la lucha por Palestina. En un contexto donde la ultraderecha parece ganar terreno en la política, la marcha se erigió como una plataforma para visibilizar las luchas y problemáticas que enfrenta la comunidad LGBTTTIQAP+ en México.
La convocatoria no solo fue un desfile de color y cultura, sino también una oportunidad para recordar las deudas históricas que el Estado mexicano mantiene con estas comunidades. Entre las demandas más significativas se encontraba la urgencia de crear una Ley Integral Trans, que garantice derechos y protecciones adecuadas para las personas trans en el país. Colectivos disidentes expresaron su descontento con el gobierno actual, liderado por Claudia Sheinbaum, a quien acusaron de priorizar la seguridad física de edificios gubernamentales frente a la vida de las personas que conforman la diversidad sexual.
Las tensiones entre el Estado y la comunidad LGBTTTIQAP+ se hicieron evidentes durante la marcha, especialmente cuando algunos manifestantes denunciaron agresiones sufridas a manos de la Guardia Nacional en días previos. Este tipo de incidentes subraya la urgencia de que el gobierno mexicano reconozca y aborde la violencia sistemática que enfrenta la comunidad. En un ambiente donde la violencia y la discriminación son comunes, los participantes en la marcha levantaron sus voces en recuerdo de aquellos que han perdido la vida debido a la violencia de género y la omisión del Estado, como el activista LGBTI Sael Silva Cisneros, asesinado recientemente.
Tadeo Campagne, miembro de Casa Arcoiris Durango, advirtió sobre la creciente ola de ultraderecha en América Latina, un fenómeno que ha encontrado eco en varias naciones, incluyendo Colombia, donde políticos de tendencias conservadoras están ganando terreno. Esta situación es alarmante para muchas personas dentro de la comunidad LGBT, quienes sienten que la política actual no solo ignora sus necesidades, sino que también promueve un clima de hostilidad y represión. En este contexto, Campagne hizo un llamado a la organización y la acción colectiva, enfatizando que la lucha por los derechos LGBTTTIQAP+ debe trascender a los partidos políticos, convirtiéndose en un movimiento político autónomo.
La visibilidad de la comunidad LGBTTTIQAP+ durante el Mundial se presenta como una oportunidad para desafiar las narrativas tradicionales y poner sobre la mesa cuestiones de igualdad y derechos humanos. Sin embargo, algunos manifestantes, como Heily, una persona trans, señalaron que la lucha por la igualdad no debe limitarse a un mes o a un evento específico, sino que debe ser un esfuerzo continuo y sostenido. La presencia de grandes pantallas en el Zócalo, donde se transmiten los partidos del Mundial, se convierte en un símbolo de cómo el deporte y la política pueden entrelazarse, y cómo las comunidades marginadas deben aprovechar estos espacios para hacerse escuchar.
La marcha del Orgullo en Ciudad de México, por lo tanto, no solo fue un evento festivo, sino también una manifestación de resistencia y un llamado a la acción. Enfrentando un panorama político adverso, los asistentes reafirmaron su compromiso con la lucha por la igualdad y la justicia, dejando claro que, aunque la atención del mundo esté centrada en el fútbol, las luchas por la dignidad y los derechos humanos no deben ser olvidadas ni minimizadas.



